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La Yoga de la Rupia |
Fecha: 5 de Noviembre de 1998
¡Gloriosos Maestros! Paramanu-parama-mahattvanto'sya vasi-karah Patanjali Maharishi (YogaSutra pada 1, sloka 40) EL ENCUENTRO Hace muchos años una rupia, una simple rupia, me enseño una gran Yoga. Recién llegamos a India para estar 6 meses perdidos entre las ashramas (escuelas
místicas) y las prácticas de la sadhana (prácticas personales de Yoga), fuimos a buscar
alojamiento para nuestra estancia en New Delhi, en Sukhavati Ashrama, un ashrama
residencial budhista tibetano en la zona mas moderna de la ciudad. Una monja tibetana
amiga mía de Granada, me dió la dirección y allí nos dirijimos. La recepción, sin conocernos fue admirable y acojedora. La administradora de la
ashrama nos dio una habitación maravillosa, cómoda, confortable, decorada con muebles
estilo Bali, una maravilla, y lo más de agradecer, con baño propio. Al ir a bañarme, me fije en UNA RUPIA, una sencilla rupia, de un valor entonces
de
unas 14 pesetas, unos 10 centavos de dólar USA. La rupia, estaba allí, limpia, brillante descansando en el poyete del jabón. Sin
límites, olympica, majestuosa, diciendo claramente
"cójeme y gastame en lo
que te plazca". Ciertamente fui a hacerme con ella, pero entonces me seque y se me
olvido la rupia. Al día siguiente salimos temprano y volvimos tarde, ya de noche y al cumplir con mi
ritual nocturno de bañarme antes de acostarme, sin querer, sin proponérmelo, me volví a
fijar en la rupia. !Estaba allí!, como ayer, y seguía en el mismo sitio, igual de limpia
y brillante. Algo me llamo la atención y me extrañó, pero ciertamente no sabía porque
y en vez de agarrar la rupia y ya esta, la dejé, con cierto reparo, con cierta
desconfianza. En España se dice, que si te encuentras una moneda es una señal de buena
suerte, pero esta rupia me daba mala espina a pesar de ser tan bonita que podía ser digna
de convertirse hasta en "moneda de la suerte". A la noche siguiente, al volver... siempre volvíamos de noche, New Delhi es muy grande
y las atreas que hacíamos no nos permitían regresar ni a medio día ni antes, me dirijí
directamente a ver si estaba "LA RUBIA RUPIA" y
si, efectivamente, estaba,
en el mismo sitio e igual de limpia. Insisto en lo de limpia y brillante, porque todos los
que habéis visitado la India, sabréis que todo siempre esta muy sucio y se llena de
polvo
pero la rupia siempre estaba limpia e impecable como la habitación y el
baño. El Ashrama era limpiado diariamente por sirvientes contratados y que me supongo,
por ser tónica en India, a un modestísimo precio. Lo comente con Jennifer Gray (inglesa, discípula mía y gran erudita), lo extraño que
los sirvientes, para los cuales una rupia era mucho dinero, no se hicieran con la rupia
sino que además la limpiaran cada día. Ella se rió, y me dijo
"Es sólo una
simple rupia". Pero yo, no las tenía todas conmigo, no estaba tan seguro que sólo
era una rupia, tenía que ser algo más
¿pero qué?. Ya habían pasado 5 días y la rupia y yo nos habíamos hecho amigos. Nos levantamos
muy temprano teníamos que formalizar nuestras reservas de tren hacia Itarsi, en Madhya
Pradesh, el estado mas medieval de la India, donde disfrutaríamos de la compañia de
nuestros hermanos en el ashrama de mi maestro, Swami Tilak Paramahamsa y las colas para
coseguir plazas eran desde muy pronto larguísimas. Mire a la rupia, como el que en breve
se despedirá de una amiga y
comprendí el misterio de la rupia, su Yoga oculto, su
enseñanza. LA YOGA "Jennifer, escucha, esta rupia está aquí como una prueba que ponen
brillantemente, como ella esta brillante, los administradores de la ashrama. Si te quedas
con esta rupia simple y para nosotros apenas valiosa moneda, ellos se se sentirán
ofendidos y nos invitarán a marcharnos un día sin más explicaciones o con la excusa de
compromisos anteriores contraídos con la habitación que ocupamos, o cuando queramos
regresar, no nos permitirán quedarnos, así de simple". Shankarapriya, me miraba con
ojos de incredulidad y asombro, pero yo estaba seguro, muy seguro de lo que la rupia
enseñaba. Volvimos a New Delhi casi al año, nuestra estancia se habia alargado mas de lo
previsto. A los tres días tomaríamos el avión para Madrid y que mejor sitio que
Sukhavati Ashrama para quedarse. Era un lugar muy bien situado y siempre les entregavamos
una donación, que no era muy espléndida ya que nuestra economía era muy escasa. Como
siempre, nos dieron alojamiento, con la misma hospitalidad, con el mismo cariño y la
misma habitación, con el mismo baño y ¡LA MISMA RUPIA!. Ahi estaba la rupia, limpida, solitaria, deseable
Nunca sabré quien ponía esa rupia en el baño de la mejor habitación de Sukhavati
Ashrama, ni que intención tenía al hacerlo, ni porque sorprendente la rupia no la
cojían los sirvientes y estaba allí un año entero (cuando no más, a saber desde cuando
allí estaba) pero si sé una cosa, que esa hermosa rupia, me enseño un hermoso Yoga que
lo tengo presente despues de tantos años
un ladrón, un desconocido puede robarte
un millón de rupias y te lamentarás de la pérdida sin lugar a duda, pero si un amigo o
alguien en quién has depositado tu confianza, toma de tí tan solo una moneda, sin tu
permiso, te dolera en la amistad, te sentiras profundamente defraudado, engañado. En Sukhavati Ashrama, nos daban su confianza y esta confianza nos la ponía a prueba
todos los días. Como lo hacían con todos los que por allí pasaban con el trato de
amigos preferenciales. Sin lugar a dudas no defraudar la confianza recibida es esencial en cualquier
relación. Poder estar seguro de quienes trabajan contigo, de tus amigos, de tus alumnos, de tus
familiares no se paga con nada. No hace falta que esta confiaza sea rota con hechos de gran envergadura, no hace falta
que se produzcan grandes crisis, una simple mentira, un simple detalle mata la amistad. No
en vano en gran sabio bengali Srila Rupa Gowami dijo
"una simple inflexión de
la voz puede dañar la vida de una persona irreparablmente". Leonard Cohen, el gran cantante, que ahora descansa de su agotadora vida en un
monasterio Zen, retirado de todo y de todos, dijo hace muy poco en una provechosa
entrevista
"las personas antes de buscar la magia, deben de aprender la
etiqueta". Cuidar el detalle es un estado de conciencia y de ser que inevitablemente se ha de
cruzar para llegar no solo para ser buena persona, sino también un verdadero ser
superior, un sabio. No hay Yoga sin Charya (moralidad, ni buena conducta). No hay espiritualidad sin buen comportamiento. No hay sabiduría sin buena educación. Cuidar el detalle es signo de progreso humano y evolución. No hay Yoga sin ser buena persona. Es fáil ver un elefante, pero ve bien quien ve la hormiga. Gracias Rupia, por tu buena Yoga. FIN Vuestro Bienqueriente |
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