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Acerca de lo humano |
Fecha: 24 de Septiembre de 1998
"Acerca de Lo Humano" Tortuguitas - Buenos Aires 01/05/83. Una cosa es la comprensión del fenómeno humano en general, y otra muy diferente es el
propio registro de la humanidad en otros. 1.- Primera cuestión: La comprensión del fenómeno humano en general. Si se dice que lo característico de lo humano es la sociabilidad o el lenguaje, o la
transmisión de experiencia, no se define cabalmente lo humano, por cuanto en el mundo
animal (aunque desarrollado elementalmente), encontramos todas esas expresiones.
Observamos reconocimientos químicos de organismos de la colmena, el cardúmen o la
manada, y atracciones o rechazos consecuentes. Existen organizaciones huéspedes,
parásitas y simbióticas en las que reconocemos formas elementales de lo que luego
veremos peraltado en algunas agrupaciones humanas... También encontramos una suerte de
"moral" animal y resultados sociales punitivos para los transgresores, aún
cuando desde afuera de esas conductas, se las pueda interpretar por los instintos de
conservación de la especie, o por una imbricación de reflejos condicionados e
incondicionados. El rudimento técnico tampoco es ajeno al mundo animal, y tampoco
sentimientos de afecto, odio, pena y solidaridad entre miembros de un grupo, o entre
grupos, o entre especies. Y bien, ¿Que define a lo humano en cuanto a tal?, lo define la reflexión de lo
histórico-social como memoria personal. Todo animal es siempre el primer animal, pero
cada ser humano es su medio histórico y social, y es además la reflexión y el aporte a
la transformación o inercia de ese medio. El medio para el animal, es el medio natural. El medio para el ser humano, es el medio
histórico y social, es transformación del mismo y por cierto, es adaptación de lo
natural a las necesidades inmediatas y a las de más largo plazo. Esta respuesta diferida
del ser humano, frente a los estímulos inmediatos, este sentido y dirección de su obrar
respecto de un futuro calculado (o imaginado), nos presenta una característica nueva
frente al sistema de ideación, de comportamiento y de vida de los exponentes animales. La
ampliación del horizonte temporal de la conciencia humana, permite a ésta retardos
frente a los estímulos y ubicación de estos en un espacio mental complejo, habilitante
para el emplazamiento de deliberaciones, comparaciones y resultantes fuera del campo
perceptual inmediato. En otras palabras: en el ser humano no existe "naturaleza" humana, a menos
que esta "naturaleza" sea considerada como una capacidad diferente a la animal,
de moverse entre tiempos fuera del horizonte de percepción. Dicho de otro modo: si hay
algo "natural" en el ser humano, no es en el sentido mineral, vegetal o animal,
sino en el sentido de que lo natural en él es el cambio, la historia, la transformación.
Tal idea de cambio no se aviene convenientemente con la idea de "naturaleza" y
por ello preferimos no usar esta última palabra como se ha venido haciendo y con la cual
se han justificado numerosas deslealtades hacia el ser humano. Por ejemplo: porque los
nativos de un lugar eran diferentes a los conquistadores de otro lugar, fueron llamados
los "naturales" o aborígenes. Porque las razas presentaron algunas diferencias
morfológicas o rudimentarias, fueron asimiladas a diferentes naturalezas dentro de la
especie humana y asi siguiendo. De ese modo, existía un orden "natural" y
cambiar ese orden era un pecado contra lo establecido de un modo definitivo. Razas
distintas, sexos distintos, posiciones sociales distintas, estaban establecidas dentro de
un orden supuestamente natural, que debía conservarse de modo permanente. Así es que la idea de naturaleza humana, sirvió a un orden de producción natural,
pero se fracturó en la época de la transformación industrial. Aún hoy quedan vestigios
de la ideología zoológica de la naturaleza humana, en la psicología, por ejemplo, en la
cual todavía se habla de ciertas facultades naturales como la "voluntad" y
cosas semejantes. El derecho natural, el Estado como parte de la naturaleza humana
proyectada, etc., no han aportado sino su cuota de inercia histórica y de negación de la
transformación. Si la copresencia de la conciencia humana trabaja gracias a su enorme ampliación
temporal, y si la intencionalidad de aquella permite proyectar un sentido, lo
característico del ser humano es ser y hacer el sentido del mundo. Como se dice en
Humanizar la Tierra: "Nombrador de mil nombres, hacedor de sentidos, transformador
del mundo... tus padres y los padres de tus padres se continúan en ti. No eres un bólido
que cae, sino una brillante saeta que vuela hacia los cielos. Eres el sentido del mundo y
cuando aclaras tu sentido, iluminas la tierra. Te diré cuál es el sentido de tu vida
aquí: Humanizar la Tierra. ¿Que es humanizar la tierra?. Es superar el dolor y el
sufrimiento, es aprender sin límite, es amar la realidad que construyes..." Bien, estamos a una gran distancia de la idea de naturaleza humana. Estamos en lo
opuesto. Quiero decir, si lo natural habia asfixiado lo humano, merced a un orden impuesto
con la idea de lo permanente, ahora estamos diciendo lo contrario: que lo natural debe ser
humanizado y que esta humanización del mundo hace del hombre un creador de sentido, de
dirección, de transformación. Si ese sentido es libertador de las condiciones
supuestamente "naturales" de dolor y sufrimiento, lo verdaderamente humano es lo
que va más allá de lo natural: es tu proyecto, tu futuro, tu hijo, tu brisa, tu
amanecer, tu tempestad, tu ira y tu caricia. Es tu temor y es tu temblor por un futuro,
por un nuevo ser humano libre de dolor y sufrimiento. 2.- Segunda cuestión: El propio registro de la humanidad en otros. En tanto registre del otro su presencia "natural", el otro no pasará de ser
una presencia objetal, o particularmente animal. En tanto esté anestesiado para percibir
el horizonte temporal del otro, el otro no tendrá sentido más que en cuanto para-mi. La
naturaleza del otro será un para-mi. Pero al construir al otro en un para-mi, me
constituyo y me alieno en mi propio para-sí. Quiero decir: "Yo soy para-mi" y
con esto cierro mi horizonte de transformación. Quien cosifica se cosifica, y con ello
cierra su horizonte. En tanto no experimente al otro fuera del para-mi, mi actividad vital no humanizara al
mundo. El otro debería ser a mi registro interno, una cálida sensacion de futuro abierto
que ni siquiera termina en el sin-sentido cosificador de la muerte. Sentir lo humano en el otro, es sentir la vida del otro en un hermoso multicolor arco
iris, que más se aleja en la medida en que quiero detener, atrapar, arrebatar su
expresión. Tu te alejas y yo me reconforto si es que contribuí a cortar tus cadenas, a
superar tu dolor y sufrimiento. Y si vienes conmigo es porque te constituyes en un acto
libre como ser humano, no simplemente porque has nacido "humano". Yo siento en
ti la libertad y la posibilidad de constituirte en ser humano. Y mis actos tienen en ti mi
blanco de libertad. Entonces, ni aún tu muerte detiene las acciones que pusiste en
marcha, porque eres esencialmente tiempo y libertad. Amo pues del ser humano, su humanización creciente. Y en estos momentos de crisis, de
cosificación, en estos momentos de deshumanización, amo su posibilidad de
rehabilitación futura. Silo FIN Juan Caro * ALGUNAS DIRECCIONES SOBRE "EL HUMANISMO" * http://ciberaula.com/~mundohum/ "Las distancias se han acortado tanto |
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