Dios se esconde en el cerebro


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Antonio
Javier Plazas

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Artículo publicado en La Voz de Galicia el 2 de mayo de 2001.



Dios se esconde en el cerebro
Jesús Flores - A Coruña

La «neuroteología» triunfa en EEUU buscando explicaciones científicas a las vivencias místicas y religiosas. Puede que Dios sólo exista en nuestros cerebros. Al menos así lo aseguran diversas publicaciones científicas que han invadido Estados Unidos en los últimos meses. Inmersos en el apasionante mundo de la llamada «neuroteología» algunos investigadores buscan ahora las bases biológicas de la espiritualidad.

El abanderado de esta nueva disciplina es el neurólogo James Austin, autor de un tratado de 844 páginas que, bajo el título «Zen y el cerebro», ha acaparado la última portada de «Newsweek».

Un domingo de marzo, mientras esperaba su tren en Londres, el neurólogo James Austin fijó su vista en la lejanía. Este médico estadounidense, formado en los más sólidos principios del positivismo científico, no vio nada fuera de lo común: unos cuantos edificios sucios y el eterno cielo gris. Medio ausente ante lo que observaba, Austin recordó en esos momentos el retrato de un budista sobre el que había estado leyendo. Y entonces percibió una sensación que jamás había experimentado antes. Una sensación de existencia individual, de que el mundo físico se separaba de él, evaporándose como la niebla de la mañana.

Comenzó a ver las cosas «como realmente son», recuerda. La conciencia de «yo, mi o mío» desapareció. «El tiempo no era presente», dice. «Tenía un aura de eternidad. Era como si se me hubiera concedido la gracia de comprender la naturaleza última de todas las cosas».

Muchos llamarían a esto una experiencia mística, un momento espiritual; incluso, si lo prefieren, una epifanía religiosa. Pero James Austin, no. Más allá de interpretar su instante de gracia como algo ajeno a la comprensión de nuestros sentidos y mucho menos como la comprobación de que hay un dios, Austin se lo tomó como «la prueba de la existencia del cerebro». Como neurólogo, él sólo acepta que lo que vemos, escuchamos, sentimos y pensamos se origina en el cerebro. Aquel momento de Austin en la estación de tren le llevó a explorar los mecanimos ocultos de las experiencias místicas y espirituales. Es posible, razonó, que si el miedo y la conciencia de uno mismo desaparecen en un momento dado simplemente sea «porque algunos circuitos del cerebro se interrumpen».

La religión estimula la mente
Desde la publicación de Zen y el cerebro, un nutrido grupo de científicos se ha enrolado en el campo de la neuroteología, el estudio de la neurobiología de la religión y la espiritualidad. El pasado año, la Asociación de Psicólogos de América publicó Experiencias anómalas diversas, dando explicación tanto a vivencias místicas como a casos de gente que asegura haber traspasado los límites de la muerte.

En el Centro para el Estudio de la Ciencia y la Religión de la Universidad de Columbia, un programa investiga como las experiencias espirituales reflejan sucesos peculiares de la vida cotidiana «que luego reproduce el cerebro». El trabajo más reciente se concreta en el libro Religión en la mente, en el que se asegura que las prácticas religiosas tienen una influencia apreciable en los lóbulos frontales del cerebro, lo que se traduce en un mayor optimismo e incluso en una mayor creatividad.

Geografía craneal de la divinidad
Lóbulo Parietal:
Unidad Cósmica. Cuando los lóbulos están en reposo una persona puede "sentirse a si misma" con el Universo.
Lóbulo frontal:
Atención. Ligado a la concentración, el lóbulo frontal se conecta durante la meditación.
Lóbulo temporal bajo:
Imágenes Sagradas: Esta región está implicada en el proceso por el cual las imágenes, como velas o cruces, facilitan la meditación.
Lóbulo temporal medio:
Emociones religiosas. Está zona del cerebro está ligada a los aspectos emocionales de las experiencias religiosas como el júbilo y el temor.
Lóbulo temporal alto:
Reacción a las palabras religiosas. Esta región gobierna la respuesta al lenguaje.

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© Antonio Javier Plazas (Todos los derechos reservados por el autor)

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