El gran mono que masturba su gran lingam


Cartas a Marie Arani L´Beauty de Jaime Alterego

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Antonio
Javier Plazas

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Benares, Uttar Pradesh, India
January 22, 2002

Arani Marie

Yo: "Baba, ¿cómo puedo saber que soy una buena persona?"
Nilgiri Babadas: "Cuando las demás personas murmuren de ti sin causa alguna y te paguen los favores con ingratitudes"

Yo: "¿Cuando sabré que soy un buen amante?"
Nilgiri Babadas: "Cuando seas un amante lo sabrás, mientras oriéntate conociendo los celos de tus amadas hacia tus otras amantes".

Yo: "¿Como sabré quién me ama más que nadie?"
Nilgiri Babadas: "Cuando quien te ame, no tenga celos de tus otras amadas"

Acto seguido Baba, se fumó un canuto.


El ashrama de este peculiar santo, está en la otra orilla, un lugar insospechado para que allí pueda residir un "alma grande". Quizás por ser controvertido, quizás por ser más sabio que nadie, Baba vive allí glorioso y feliz, alejado de las devociones folklóricas, del mundillo espiritual oficializado del "otro lado". Me lo encontré por pura casualidad, ¿o era mi karma juguetón el que me conducía hacia allá?.

En el frontispicio, en la entrada, había en piedra un inmenso mono másturbándose con un más inmenso lingam. "Esto pense, que no era nada normal, así que allí no podría haber gente convencional".

En el 1024 D.C el por entonces gobernador musulmán de Ghazi, había invadido once veces la India con gran éxito triunfal, por lo que se presto con toda su confianza a emprender una nueva campaña y puso sus ojos en el super sagrado templo Gujerati de Somanatha. Las riquezas del templo, la fama y su santidad  le atraían tanto que dispuso todo su ejército para endosarle una herida mortal en el alma espiritual y política del orgullo de los hindúes, cosa que al final hizo y supuso el principio de la dependencia de la India a las potencias extranjeras.

Mahmoud, como buen fanático y codicioso su arrogancia le llevo a destruir el templo de Somanatha donde gobernó y murió el Gran Krishna, "El maestro del mundo". Los hindúes desesperados hicieron una valerosa defensa, pero poco valió, ya que el musulmán destrozo con saña el templo y además de llevarse todos los tesoros, hizo añicos el grande, enorme y super lingam, el más grande de todos los falos de Shiva que allí presidían el universo hindú. Somanatha, el Señor del licor espirituoso que conduce a los éxtasis más inconcebibles.

La devoción de siglos desaparecían en un momento de horror. El culto al lingan de Shiva era predominante en la India cuando los musulmanes la invadieron por primera vez. Con la caída del Lingam protector dador de la vida y fuente de la gracia, cayo la convicción de los hindúes en su fe totémica, pero como siempre ha pasado en el mágico subcontinente, se convirtió en un revulsivo que favoreció la aparición de nuevas tendencias y nuevos mensajeros divinos, cuando no era la Divinidad misma la que se materializaba.

Volviendo a la casa de Nilgiri Babadas, solo decirte que era un homenaje al buen gusto. Todo estaba limpio, ordenado, armónico, florido. No parecía la India. Había hombres y mujeres todos vestidos de negro o blanco impecable. Se vestían con mucha dignidad e impecabilidad a la usanza tradicional. Por sus símbolos, concretamente los estuches de metal que llevaban en el cuello atados con una cuerda, donde supongo que guardaban un lingam, descubrí que eran miembros de la escuela los Jangama o Lingayatikas. Es extraño encontrárselos residiendo fuera del Sur de la India, pero si es frecuente verlos de peregrinación por todos los lugares sagrados del orbe shivaita. Siempre reservados, siempre solos o agrupados consigo mismos como un clan cerrado los discípulos continuadores de las enseñanzas de Basavacharya fundador de la antigua escuela, son respetados por todos los hindúes sea cual sea su fe. Nilgiri Babadas, era uno de esos extraños casos ya que vivía y residía en Benares.

Había imágenes hermosas flanqueando la vereda que llevaba a la estancia principal que suponía, me permitiría encontrarme con el misterioso maestro del mono másturbador.

Una gran ola de calor en un día azul, es normal en India, pero allí, había muchísimo, como si hubiese una gran hoguera quemando un bosque entero. Me ahogaba y como mi prevención hacia el agua en India ya no existe pues miraba nervioso una boca de riego o una fuentecita o lo que ya seria un lujo, es si me topase con una maquineta de agua fría, como la que había en el ashrama de Maharishi Mahesh Yogi, el guru de la Meditacion Trascendental, que convocaba en la orilla de enfrente de Muni ke reti, en Rishikesh a los sadhus de toda la zona, que podían beber esa agua helada de fantasía, que manaba gratis pero eso si, custodiada por uno de esos típicos guardias de bigotes enroscados y de cuerpo delgado.

Me descalce, invocando al dios que protege los zapatos que se dejan a las puertas de todo templo, para que al salir me los volviera a encontrar a los dos juntitos.

Pasé sin ser invitado y molestado. Nadie en ningún momento, me paró y me preguntó dónde iba o quién era y lo que quería.

Me sorprendió ver búcaros con ramos de flores, vacinas amplias con piedras, agua y delicados pétalos, velitas encendidas y un rico aroma de nag champa, mi incienso preferido.

Al final del pasillo había una pared y tres puertas. Como si de un acertijo se tratase. Abrí la de la izquierda y dentro de la habitación no había nada, estaba a oscuras como si mil años de sombras estuviesen allí guardados. La cerré con decisión y abrí la de en medio y me creí morir. La sala luminosa estaba llena de hombres y mujeres silenciosos sentados en suelo que clavaron sus miradas en mi. Mi cara se puso de todos los colores y avergonzado dí un paso a tras y cerré la puerta. Me quedó la otra, la última y tenía ante mi una gran decisión. Podía abrirla rápidamente y entrar, ignorarla o salir corriendo... y decidí, SALIR CORRIENDO, pero, por un golpe de viento, la puerta se abrió y una voz cálida me invito a pasar.


Baba estaba allí sentado, desnudo ligeramente cubierto con una gasa de color ocre dorado. Su cuerpo estaba marcado con todos los tilakas de su escuela y creencias, pero incluso me pareció adivinar ver un tatuaje indescifrable. Algunas personas me dijeron que estos yogis tatúan su nombre y el de sus gurus por si mueren, los sacerdotes puedan mencionarles en las exequias.

Ligeramente estaba recostado sobre una enorme palank, un gran camástro con almohadones redondos a ambos lados y en el cabezal.
Mirándome dulcemente y con curiosidad, con un ademán me invitó a sentarme a su lado. Me cogió de la mano y me pregunto:

Nilgiri Babadas: "¿De dónde eres?"
Yo: "De España, en Europa al sur de Franc..."
Nilgiri Babadas: "Francia. Si se donde esta España, de hecho  se mucho de su país y su cultura".
Yo:"¿Como es eso?
Nilgiri Babadas:"¡Hay hijo mío, también fui joven y viaje"!
Yo: "¿Me quiere decir que visito España?"
Nilgiri Babadas: "Si, de hecho se español, fui agregado de la embajada de India en Madrid"

Empezamos a hablar en español. A los dos nos pareció muy divertido hacerlo. Todo se distendió mucho más y todo se hizo agradable.

Babadas me pareció un hombre muy hermoso, muy guapo además de fascinante. Su cultura era impresionante. De un tema a otro íbamos saltando sin preocupación. Nunca me podía imaginar que un sadhu y además un sadhu desnudo como el, pudiese ser tan culto y preparado.

Babadas me contó como cansado de ser un crápula y vivir a tope, decidió desaparecer de un día para otro. Ahora incluso, nadie sabe quien es realmente el.

Me invito a tomar un te con leche y cardamomo. Nuestra conversación se prolongo hasta bien entrada la madrugada y Babadas que aprecia conocer mis necesidades, con un palmeo.., hizo venir a un asistente que me preparo la cama en una habitación al lado de la suya.

Me dio curiosidad saber de todas las personas que estaban en el otro lado y le pregunte por ellas. Baba me respondió con una negativa; -"No hay nadie allí Jaime". -"Pero Babaji, los he visto yo con mis ojos". -"No hay nadie joven, compruébelo por Ud. mismo". De buenas a primeras sentí una absoluta indiferencia por el tema y con un solemne namaste, me retire  a dormir.

No dejaba de pensar que estaba "en el otro lado del río" en el lugar tenebroso donde van los espíritus que abandonan los cuerpo en Benares pero sus malos karmas les obligan a pasar la penitencia a vagar por los bosques de esta orilla, convertidos en fantasmas.

El sueño fue como el de un bebé. Como no había dormido la noche anterior caí rendido en el colchón.

No se cuando, pero desde las cavernas de mi sueño profundo oí una voz que me gritaba: "Ooth! ¡Har ko hara bolo!", "¡Despertad! ¡Canta Hara to Hara!" entonces abrí los ojos...

Jaime


PD
Marie, cuando hemos hablado por teléfono he quedado en llamarte dentro de 3 horas para seguir hablando, pero como habrás comprobado, no me he podido quedar en el locutorio para hablar, pero no he podido. Lo siento mi cielo.




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© Antonio Javier Plazas (Todos los derechos reservados por el autor)

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