Swami Krishananda, ha muerto


Cartas a Marie Arani L´Beauty de Jaime Alterego

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Javier Plazas

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New Delhi, Uttar Pradesh, India
Febrero 6, 2002



Arani Marie...


Llevo varios días sin escribirte y no por nada en especial, sino por cierto desencuentro conmigo mismo.

A veces las idas y venidas del pensamiento son insondables, no se sabe por que aparecen y se mueven de esta manera tan triste. Quizás estoy ahora rumiando las penas que aun siguen en mi corazón que lejos de cicatrizar, se avivan con ardor doloso incontrolado entre medias de tensiones o vacíos de ser.

Cuando estuve en Rishikesh, al día siguiente de llegar, a la mañana temprano, con alegría y con la ilusión que siempre me aportaba el volver a encontrarme con él, me encamine a la casa de mi admirado Swami Krishnananda. A las 8 con puntualidad inusual para los hindúes, Swamiji reunía a todos sus incondicionales devotos que al igual que los curiosos atraídos por su fama y buen nombre, venían de lugares tan diferentes entre si como un australiano o un peruano y sin duda hindúes de Estados Unidos como de Kerala.

Subí las escaleras de la terraza de la casa de swamiji, deje las sandalias a la entrada, pero me extraño el que no había ningún zapato. Silenciosamente, andando casi de puntillas, anduve el corto pasillo que me llevaba a la estancia donde Krishnananda estaría sentado en ese peculiar asiento de madera vieja con una pierna recogida y la otra casi colgando. Abrigado con varias camisetas y un jersey de color anaranjado, "embufandado" y con un gorrito de lana, ahí tendría que estar el pequeño pero imponente gran maestro de la vedanta, discípulo excepcional de Swami Shivananda Saraswati.

Solo el silencio estaba presidiendo la sala. Swami Krishnananda había muerto. El año pasado en noviembre, Swamiji tomo maha-samadhi, que es como así llaman los hinduistas, al abandono del cuerpo físico de parte de un maestro al que todos estiman como iluminado.

Un brahmachari, que hacia un año que tan solo era novicio, me comentó que la vida se le fue al maestro poco a poco y que nadie aun puede creer, que su leonina presencia ya no marcara las mañanas en "un antes y después de su Dharshana". Ir "a ver" al maestro, es algo que no está en los registros de las costumbres de los occidentales que pueden entender el asistir a un encuentro organizado donde una sesión de preguntas y respuestas aporte utilidad al hecho de asistir al mismo, pero un Dharshan, no es eso, es un acto de amor, de cordialidad, una forma de decir "aqui estoy como siempre, otra vez, otro día, otro año en el que seguimos siendo amigos para que nuestra amistad dure para los siempres de los siempres". Sentarse a los pies del maestro, mirarle silenciosamente, leer en sus gestos, interpretar sus palabras y aventurarse a sobre entender lo que ha dicho y lo que deja de decir es algo apasionante, que solo lo podemos valorar los que hemos conocido a maestros con el "Don del Dharshana".

¿Y ahora, qué?, ¿qué pasará?... Quizás no pase nada, como siempre, o como siempre, todo lo que pase, sea nada.

Me senté en el suelo como pude, me maree, la cabeza no quería seguir estando con mi cuerpo y empecé a entender lo que el "olvido" era para Baba Nilgiridas: una medicina, un paraíso en el que poder vivir en la tierra, ¡una inmensa conquista!. ¡Borrar todo, matar la memoria, quemar el recuerdo!, !Qué felicidad, qué alivio, qué contínuo consuelo!.
- ¡Swami¡, ¡Swamiji!, ¿Como podré olvidarte?. ¡Estoy roto!. Mil preguntas se me quedaran sin respuestas, eso ya lo sé, pero, lo que más me duele es que no te podré decir todo lo que estoy agradecido. Te conocí en 1978 y marcaste mi vida. Me abriste la Vedanta y me dijiste con tu figura, como tenía que ser la mía y en ese continuo contraste con tu personalidad consagrada, he ido haciéndome mi perfil, con muchas torpezas y fisuras. Swamiji, te presento mis respetos.

Las glorias de los yoguis las devora el fuego y las traga el río.

El ashrama me parecía desolado, sin continuidad. Se me mueren todos y se muere todo lo que está a mi alrededor. Parece como si la obra de teatro que vine a representar esta tocando a epílogo. Nada me crece y todo mengua. Los símbolos, los principios en los que creía me los cuestiona el tiempo. Yo sigo estando en el camino, andando sin parar, de un lado a otro aún cuando no me mueva del mismo sitio, pero todo me abandona y a mi lado, no camina ni el perro del Dharma que acompaño en su abandono a Yudhistira, el mayor de los Pandavas, que después de haber vencido en la batalla épica de Kurukshetra tal y como la narra el Mahabharata, desolado, antes de ascender a los cielos, se percato que todos le habían ido dejando y que solo caminaba, con sólo un perro como acompañante.

La muerte del para mi, mi amigo, el Swami asmático y pequeñito, me ha sumido Marie Arani, en un estado de transitoriedad, donde ya no sé hacer.

Deje Rishikesh, sin apenas haber salido de mi habitación. No hice nada de lo que pense hacer. Tenía el espíritu contraído y la mente herida  por el recuerdo. Apenas comí y apenas hable. Muchos conocidos se acercaron a la casita, pero les pedí que me dejaran estar a solas con mi "adversario invisible".

Capturado y preso por el "yo mismo", regrese a Delhi. Me instale en un hotel barato del sur de la ciudad nueva. Llevo paseando por la ciudad esposado por mi poderoso con mi carcelero. "El" me conduce donde quiere y yo solo le sigo. Un ansia de abandono me embarga y todo me da igual.

Hoy me acerque a este cyber en Connaugth Place, para escribirte y mandar esta carta al foro de Místicos porque en nuestro acuerdo, antes de salir de España, te prometí que no te escribiría ni a tu casa ni directamente, pero que sabrías de mi y de mi alma de alguna manera, por alguna vía. Después de que Javier, me comentase que estabas inscrita a ese lista de difusión, comencé a con estas cartas.  Se que Javier ha pedido que el coordinador de envíos de su Editorial, las difunda en sus foros y por otros afines a los suyos. Ayer, el maestro, me llamo al hotel y me dijo que las estaban compilando todas ellas en la web de Saberser.org, y me pareció bien. Gusta saber que eres leído y que quizás, haya alguien a quien le pueda ser de inspiración, estimulo o consuelo, lo que yo, en este caso siento y vivo.

No suelo bajar el correo que recibo en mi buzón, porque la conexión tarda muchísimo en descargar y eso se convierte en dólares que apenas ya tengo y mi hermano Pablo lo esta haciendo por mi en Donosti. El otro día, me comento que había recibido muchísimos emails, algo así como ciento y pico, de amables personas que seguían con mucho interés estas cartas. Yo quiero agradecerte Marie, por la posibilidad de saber que "estas ahi" y que puedo reflexionar a tu lado sobre lo que voy viviendo y sintiendo en este viaje por India. A veces, la soledad me sumerge en un soliloquio tan íntimo, que me encierro tanto, que necesito poder hablar con alguien o al menos, saberme escuchado.

Agradezco a todos los que me han mandado su apoyo y amistad a raíz de haber recibido las "letters". Pablo me dijo emocionado, que incluso muchas personas me han invitado a ir a sus lugares donde viven y quedarme en sus casas y así visitarles. Incluso bastantes nuevos amigos, me quieren enviar dinero y contactos para facilitarme el viaje y la continuidad del mismo. ¡Gracias de todo corazón a todos! ¡Gracias por su amor! y mil disculpas a los que puedo ofender con mis cartas a ti, Marie Arani.

Ojalá me sigan escribiendo mas amigos a mi email. Pablo cuando me llama desde su trabajo me los va contando. En cuanto me llegue el dinero del alquiler de mi piso de Madrid, que me re ingresan en mi cuenta del City Bank, tendré rupias suficientes para ir contestando a todos.

En unos días, saldré de Delhi y quiero ir coger un avión que me leve a Shrinagar, la capital de la Cachemira de la India. Todos me lo desaconsejan, e incluso es posible que las autoridades me pongas inconvenientes pero voy a intentarlo. Mi intención es llegar hasta la zona de conflicto.

Quizás te preguntes "el por que" de este viaje quizás ninguna de las razones que te diera, te satisficieran, pero hay algo en mi que me empuja al limite de todas las cosas y si atiendo a ese requerimiento, el día a día se me convierte en un sin vivir.

Conozco esas sensaciones, son desgarradoras y muy intensas, tanto que  lo mismo hacen daño que lo mismo te liberan.

Cuando regresé de Canadá, después de haberme enfrentado con todo por primera vez y teniendo siempre sobre mi la amenaza del fracaso... mi vida se hizo un laberinto del que me parecía imposible poder salir. Tenía que tomar decisiones y esas decisiones tampoco sabía donde me llevarían, ya que todas me parecían buenas y malas.

Por muchas y diferentes causas, he estado encontrándome en "ecuadores" continuos. Parece, que cada cierto tiempo o la vida se me complica o yo me complico la vida, pero la cuestión es que no tengo una sensación de línea de continuidad como la del pasajero que va en un tren, más lento o más rápido, pero siempre continuo y en una dirección. Mi vida definitivamente no es así y no me gusta lo que me pasa, y en cambio si mi vida es, como un decathlon. Es como viajar en una maquinita "tierra-mar-aire" y a veces, "espacio sideral".

Cuando me tenía que enfrentar con todas las cosas que tenía que vivir, cuando tenía tu edad y yo solito me ponía en situaciones de conflicto conmigo mismo y con todo mi entorno, me daban cuadros de ansiedad y sin duda tenía mucho susto, pero, pasa como con todo, que es mejor no pensar "circular", es mejor no montarse en una noria de pensamiento que gira viciosamente en un mismo sentido encadenado, pero para eso hay que luchar, y  eso si; contra la ansiedad fatídica.

En la lucha contra la ansiedad es en lo que más ocupo siempre energías que debería de tener reservadas para LA TRASCENDENCIA y para CREAR LO INMEDIATO DE CADA DIA, pero las cosas son así para mi siempre, luego, la ansiedad ocupa espacios vitales y tiernos en mi, que toma formas como las tuyas, envueltas entre los pagos, la compra, el día a día, el sentido de utilidad de no estar perdiendo el tiempo y cuando no, la vida misma.

Esta ansiedad se me proyecta corta o larga. A veces se me hace muy de andar por casa y otras se me hace trascendente. Por eso, te quería transmitir desde lo más profundo de mi intimidad, que llegados a un punto de saturación para poder continuar, para poder encontrar una salida, necesito dar un refresco, una purificación, un descanso interno en forma de desconexión, de ejercicio vitalizante y moderado, de descanso, de sueño reparador, de cambio de escenario y paisaje y todo esto para poder tomar perspectivas internas y externas.

El viaje a Estados Unidos no lo puedo hacer ahora, salvo que me líe la manta a la cabeza, cosa que podría suceder, pero tampoco me gustaría que el viaje a los Estados Unidos o si quieres lo podemos llamar "el viaje de drenaje", se convierta en un candidato a un "proyecto soñado" que me cree más ansiedad, por ilusorio, fantasioso o imposible. Por eso, lo tengo en el plano de "reserva de salvación emocional" por si acaso hay que sacarlo con urgencia y salir escopeteados. Ir a California o a Miami  se a convertido en una meta a la que llegar.

Pero lo que si me planteo de inmediato, son medidas más accesibles y que intuyo refrescantes, que me pueden aportar una enriquecedora perspectiva para asuntos a solucionar y para descansos de la mente y el alma que los tengo agotados.

Necesito recibir fuerza y calidez y necesito dar fuerza y calidez..

Me seduce la idea de vivir en América una temporada,  estar un par de meses y descansar en todos los sentidos haciendo y deshaciendo mi vida.

Pero el tiempo no va a favor de los deseos. Si la tónica de mi vida sigue impulsada por las mismas magias, "algun viento" impulsará las velas de mi barco a algún destino y a algún puerto.

Ayer leía en uno de los manuscritos que de Javier Plazas que me dejo la ultima vez que nos vimos, para que los revisase antes de mandarlos a publicar:

"mi discurso viniendo de las alturas, se sitúa en el campo de la batalla. De lo trascendente a lo inmanente, para no perderme en lo evasivo que haga evasiva la acción  consecuente. Veré lo que hago y lo que dejo de hacer y lo que dejo a un lado y lo que dejo de ser. Mientras, lo que estoy haciendo es escribir y mirar por la ventana.

Esa ventana por la que miro, me separa no sólo de la calle, sino de la vida. La vida esta aquí adentro y esta ahí afuera. Pero también esa ventana, me está separando de cosas que me gustan y no me gustan y a veces lo que separa, es de lo que quiero y no quiero ser y hacer. Ahí, es eso, es donde más me duele la vida".

Marie, yo tampoco quiero que mi ventana para ver la vida virtual-ideal, sea la ventana del windows de mi PC, y esto último me da miedo paroxístico y compulsivo y como medidas de prevención ¿o quizás ya sean de salvación?, me impongo el correctivo del "eyes to eyes, chest to chest, hand to hand".


Tu bienqueriente

Jaime



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