|
Tratado
de Historia de las Religiones |
Tratado de Historia de las religiones, de Mircea Eliade.
Coexistiendo como coexisten todos los atributos en la divinidad, nada tiene de
sorprendente que coincidan en ella también, en forma más o menos explícita, los dos
sexos. La androginia divina no es sino una fórmula arcaica de la biunidad divina; el
pensamiento mítico y religioso, antes de expresar el concepto de biunidad divina en
términos metafísicos (esse non esse) o teológicos (manifestado-no manifestado),
lo expresó en términos biológicos (bisexualidad). Pero no hay que dejarse engañar por la figura externa de ese lenguaje tomando la
terminología mítica en el sentido concreto, profano o moderno de las palabras. "La
mujer" en un texto mítico o ritual no es nunca la "mujer": nos remite
al principio cosmológico incorporado en ella. De la misma manera, la androginia divina,
que aparece en tantos mitos y tantas creencias, tiene un valor teórico, metafísico. La
verdadera intención de la fórmula es expresar -en términos biológicos- la coexistencia
de los contrarios, de los principios cosmológicos (masculino y femenino) en el
seno de la divinidad. Así tenemos que las divinidades de la fertilidad cósmica son en su mayoría
andróginas, o son femeninas un año y masculinas al año siguiente (p.ej.: el
"Espíritu del Bosque" de los estonianos). La mayoría de las divinidades de la
vegetación (tipo Atis, Adonis, Dionisos) y de la gran madre (tipo Cibeles) son
bisexuadas. En una religión tan arcaica como la australiana, el dios primordial es
andrógino y andrógino es también el de las religiones más desarrolladas, en la India,
(...) la pareja más importante del panteón indio, Shiva-Kâli, es representada algunas
veces como un solo ser (ardhanârîshvara). Y la iconografía tántrica está
plagada de imágenes en las que aparece el dios Shiva abrazando estrechamente a Shakti, su
propio "poder", representado bajo la forma de una divinidad femenina. Por otro
lado, toda la mística erótica india tiene por objetivo específico alcanzar la
perfección del hombre por su identificación con una "pareja divina", es decir,
por vía de androginia. La bisexualidad divina es un fenómeno extremadamente frecuente en las religiones y
-cosa notable- hasta las divinidades masculinas o femeninas por excelencia son
andróginas. Bajo cualquier forma que se manifieste, la divinidad es siempre la
realidad última, el poder absoluto, y esa realidad y ese poder no se dejan limitar
por ninguna clase de atributos ni cualidades (bueno, malo, masculino, femenino, etc.).
Varios de los dioses egipcios más antiguos eran bisexuados. En Grecia se aceptó la
androginia hasta los últimos siglos de la Antigüedad. Casi todos los dioses importantes
de la mitología escandinava conservan todavía huellas de androginia: Odín, Loki,
Tuisto, etc. El dios iranio del tiempo ilimitado, Zerván, que los historiadores griegos
tradujeron con razón por Cronos, es también andrógino, y como recordábamos con
anterioridad, es padre de los dos hermanos gemelos Ormuzd y Ahrimán, el dios del
"bien" y el dios del "mal", el dios de la "luz" y el dios de
las "tinieblas". Los chinos tienen también una divinidad suprema andrógina, que es precisamente el
dios de la oscuridad y de la luz: el símbolo es coherente, puesto que la luz y las
tinieblas no son sino aspectos alternantes de una misma y única realidad; considerados
aisladamente pueden parecer separados, opuestos, pero para el sabio son más que
"gemelos": son una misma y única esencia, manifestada unas veces y no
manifestada otras. Las "parejas divinas" son, las más de las veces, invenciones tardías o
formulaciones imperfectas de la androginia primordial, característica de toda divinidad.
Son innumerables los casos en que se daba a la divinidad el nombre de "padre y
madre"; de su propia sustancia, y sin otra intervención, nacen los mundos, los
seres, el hombre. La androginia divina tiene como consecuencia lógica la monogenia o
autogenia: muchísimos mitos cuentan cómo la divinidad se dio a sí misma la existencia,
manera simple y dramática de indicar que la divinidad se basta plenamente. |
|
| Índice de artículos |
© Antonio Javier Plazas (Todos los derechos reservados por el autor) Preguntas, comentarios o referencias: infosaberser@wanadoo.es |