De Gatos y Maestros


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Antonio
Javier Plazas

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Zeus, es el gato de mi esposo y yo, es además  uno de los mejores  maestros que he adoptado en los últimos tiempos, él me deja una enseñanza diaria que solo es posible captar a través de la constante observación de sus actos gatunos y de un contacto muy íntimo y amoroso con él. Con esto respondo a mi amigo el Doctor Hugo Herrera, quien me interrogaba sobre el motivo por el cual  un gran número de personas odian realmente a los gatos y les han otorgado toda suerte de mitos y leyendas respecto a la mala suerte que pueden producir.

Y es que los gatos son maestros silenciosos que actúan desde una conciencia colectiva orientada a la independencia, al desapego y a la soledad, tres ingredientes a los que el ser humano teme con todas sus fuerzas. Quizá porque los gatos nos recuerdan que gracias a  esas tres variantes son felices estén  donde estén y en las condiciones que sea, es que muchos se niegan a ver la belleza reveladora que es la convivencia con un gato.

El otro día, Zeus, quien siente física atracción por el patio trasero de nuestra casa, porque allá puede cazar toda suerte de animales, ante la sorpresa de ver la puerta abierta se escapó al patio, cuando logré entrarlo por cierto sin mayor resistencia, y dado que debía dejar la puerta abierta un buen rato mas, se me ocurrió la genial idea de poner en un costado de la puerta de manera visible para él, un trapeador rojo al que no se porque extraña razón , Zeus le teme, el resultado inicial no se hizo esperar, en efecto Zeus huyó de la escena del trapeador. Pasado un buen rato y en vista de que la tentadora puerta seguía abierta y el objeto de su temor, seguía separándolo de un trozo de felicidad, él inició lo que yo llamé una conquista del miedo, y un enfrentamiento con sus propios temores. Empezó observando el trapeador desde una distancia significativa, acercándose lentamente en posición de cacería, por si el trapeador lo llegara a asaltar de repente, una vez comprobó que el objeto de su temor no se movía, pero sin perder la cautela, se acercó hasta quedar en el costado de la puerta opuesto a donde se hallaba el trapeador

Mientras tanto yo observaba la escena deleitada como quien sigue el nudo de una impresionante película de la que no podía pronosticar su desenlace.
Zeus permaneció acostado en el costado opuesto al sitio donde estaba  su más temeroso enemigo hasta ese momento, durante unos quince minutos, tiempo suficiente para reunir otra dosis de valor que le permitiría, acercarse a su temeroso enemigo y olerlo hasta verificar que era un objeto que no se movía por si mismo y que no le haría daño, después de eso, Zeus logro atravesar de nuevo la puerta que lo separaba de su trozo de cielo gatuno, para ir detrás de un ave que había en un árbol. Yo, no pude retirarle esa felicidad finalmente el me acababa de dar la más grande lección para vencer el miedo, y lo menos que le debía era la suficiente confianza para creer en él, en su inteligencia y en que regresaría a casa una vez hubiera disfrutado su paseo.

Fue más grande el deseo de salir de cacería que tuvo Zeus que el miedo que sentía por un trapeador rojo. Cuantas veces, permitimos que el miedo sea mas grande que ir detrás de nuestros sueños, y nos quedamos ocultos detrás de aquello a lo que tememos, porque no somos capaces de averiguar de que tamaño y que tan poderoso es realmente aquello a lo que tememos. Zeus me entregó ese día, una lección muy valiosa, los miedos hay que enfrentarlos, mirarlos de frente, sin perder la precaución, pero enfrentarlos. Una vez los enfrentamos ellos caen por su propio peso, o verificamos que la gran mayoría residen en el territorio mental nuestro, y que la mayoría de las cosas que tememos, no son capaces de hacernos daño, que el único daño posible es el que nos hacemos a nosotros mismos dándole vida a los temores con nuestra imaginación.

Luz Dary Jiménez Monsalve.

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© Antonio Javier Plazas (Todos los derechos reservados por el autor)

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