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Antonio
Javier Plazas
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Siguiendo con las lecciones de Zeus, no
podía escapar a sus garras tres importantes lecciones: La del perdón, la tolerancia y el
respeto.
Cuando mi esposo estaba soltero, compartía su apartamento con un compañero, quien
sentía física antipatía y desagrado por los gatos, su lenguaje para con Zeus iba desde
la poderosa palabra grande hasta otras de menor calibre pero igualmente ofensivas, estoy
segura que la inteligencia racional de la que dicen estar dotados los humanos, a muchos no
les permite saber que los animales conocen la diferencia entre un lenguaje amoroso y un
lenguaje desagradable.
El personaje en mención a quien llamare Juan, no solo no soportaba los gatos, sino que
les tenía miedo. Cuenta mi esposo, que con frecuencia despertaba en las noches golpeando
las cobijas porque aseguraba que Zeus había saltado sobre ellas, para después verificar
que Zeus estaba a metros de distancia de él. Juan además castigaba a Zeus algunas
veces que este hizo el intento de acercarse a él.
Finalmente la naturaleza gatuna se apiadó de Zeus y me envió a mí a su lado, de eso ya
hace algún tiempo. La vida de Zeus se transformó, y el ya no volvió a padecer cerca de
el, un solo azote, un solo grito, y mucho menos maltrato verbal.
Juan viene a veces a visitarnos a casa, y Zeus no solo sabe mantener la distancia con él,
respetando el hecho de que Juan no gusta de él, sino que después de haber vencido el
miedo al trapeador rojo, Juan le debe parecer un pobre humano invadido de miedos sin
enfrentar, al que no vale la pena temer, seguramente esta comprensión es la que le
permite el ejercicio del perdón, pues Zeus no da muestras de traumatismo alguno por la
presencia de quien durante más de un año lo maltratara, y más aún, Zeus participa
desde un sillón a buena distancia de Juan de la visita de éste, como suele participar en
todos los eventos familiares.
Juan todavía le profiere insultos, y ya esta al tanto de que en adelante deberá
abstenerse de hacerlo o no regresar a nuestra casa, pues Zeus merece todo el respeto del
que Juan goza de su parte.
Observando a Zeus y a Juan en el mismo recinto es inevitable reconocer la clase, la
elegancia y la sabiduría de nuestro gato, parada frente a la debilidad y el miedo de Juan
que lo reviste de un halo de ignorancia que en realidad no tiene. Entonces me
pregunto: ¿Cuál es el objetivo de la inteligencia racional? ¿Estará esta limitada
simplemente a ser utilizada como una unidad de disco duro, para acumular información y
actuar en consecuencia, sin observar otras variantes?.
Como Juan deben haber muchos seres humanos que violentan seres inofensivos, solo porque no
se han atrevido a encarar sus miedos y a derrumbarlos. Inevitablemente se revela ante mi
la procedencia de las guerras, seguramente algún Juan que empezó por atacar
a algún Zeus, solo por su estrecho cuadro conceptual de lo que es el otro.
Luz Dary
Jiménez Monsalve.
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