Asumir inocencia respecto a otros


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Antonio
Javier Plazas

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La mayoría de las tendencias religiosas y espirituales contemporáneas orientan a diario hacia la tolerancia, como ingrediente único y básico para adquirir la paz que tanto perseguimos todos.

La tolerancia parece guardar todo secreto respecto a los principios fundamentales de una buena convivencia y  respecto al ejercicio del verdadero amor, sin embargo por fácil que resulte hablar de ella, es menos sencillo practicarla, es un músculo emocional en desuso que el ego sepulto detrás de sus demandas constantes,  acolitado por la sociedad de consumo.

Pero cada cual en la medida en que se ve obligado por una u otra razón a fortalecer este músculo, o que en el mejor de los casos decide desarrollarlo por voluntad propia antes que por que la adversidad lo obligue, encontrara formas de hallar una buena ruta para ejercitar la tolerancia.

La otra vez mi esposo, quien ha sido otro gran maestro de mi afortunada vida, ante un acto de intolerancia mío, de esos que lo conducen a uno rápidamente al abuso de otro mortal músculo emocional: el juicio, con su contagiante tranquilidad me dio un regalo que no logro apartar de mi mente desde ese entonces, y lo puedo compartir de manera textual porque de inmediato me di a la tarea de escribirlo por lo bello y lo revelador de su contenido:
"Hay que asumir inocencia respecto a otros, o a otras situaciones antes de juzgarlas, con ello uno se da tiempo y se lo da a la otra persona para que explique la razón de ser de sus actos, y con eso uno se toma tiempo para entender esas razones".

Según sus palabras posteriores hay que asumir que la otra persona no quiere en verdad dañarnos con aquellas conductas que nos resultan intolerantes, deberíamos asumir, que esa persona es tan inocente como nosotros y que simplemente esta equivocada temporalmente, así mismo me dejo ver que muchas veces el asunto en mención es cuestión de óptica, y que una óptica no tiene porque ir en contra de otra, más aun si abrimos la mente lo suficiente, y asumimos la misma inocencia del niño cuando se da a la tarea de investigar, entonces en un acto de intolerancia podríamos hallar teorías complementarias con la otra persona y crear fuerzas superiores a través de la unión y a través de la convivencia en comunidad (común unidad)

Después de aquella lección de mi esposo, me di a la tarea de observar a los niños, y de percatarme de que manera ellos con su innata inocencia, se les hace más sencillo tolerar a los demás niños en los juegos, más aun si hay roces entre ellos, pueden olvidar con facilidad el motivo de la discordia y retomar el juego con el mismo grupo de niños, estoy pensando que esa gracia bien la puede otorgar esa fusión que ellos adquieren con su presente, ese introducirse con todo de ellos en cada segundo de su tiempo, esa misma característica que todos olvidamos al crecer, una vez nos dejamos domesticar sin cuestionamiento posible, por el sistema formativo social, que no siempre es el mas idóneo, que presenta grandes falencias y que regularmente nos conduce en primer lugar por el sendero de la intolerancia, La incomprensión y el rencor.

Luz Dary Jiménez Monsalve.

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