La autopista de la vida.


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Antonio
Javier Plazas

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Uno de los compromisos más grandes con el   que es obligatorio pactar en la vida es con el constante aprendizaje, la permanente tarea de conducir el alma por el sendero evolutivo, a veces  así sumergidos en la llamada rutina, podemos desarticularla en aras de no mecanizarnos de tal forma que nos olvidemos de ver el rostro de nuevas oportunidades en el diario vivir.

Sumergida en esa cotidianidad a la que es mas sencillo someterse mecanizados, y oponiendo resistencia a convivir amorosamente con el momento presente, intento percatarme de lo que acontece en las carreteras, exactamente en las autopistas de este país.

En las llamadas horas pico, de repente los vecinos se empiezan a inquietar, la impaciencia les roba la oportunidad de pactar con su yo superior y de compactarse con el momento, los múltiples compromisos los esperan, y no hay mucho tiempo para formularse preguntas a sí mismo, mucho menos para observar alrededor, aprender y escribir una nueva pagina en el libro de nuestra alma. Entonces veo a mis vecinos iniciar su carrera en la que nunca sé si esta involucrado un ego superior, o una verdadera y urgente necesidad por acudir a la siguiente cita puntual.  Hacen uso de toda suerte de peripecias para pasarse los carros que los anteceden, mientras yo esperanzada por un fluir pronto del trafico me mantengo fiel a mi carril, en mi exacta posición, sin entregarle lo que hay de mí a la impaciencia, mientras avanzo en mi carril. Muchas veces sobrepaso a los mismos acróbatas vecinos que han invertido una fuente increíble de energía para llegar al mismo sitio, al que yo llego con un ahorro significativo de energía y solo manteniendo la misma posición.

Durante la ardua carrera que emprenden estos acróbatas, muchos sufren accidentes, se desgastan emocionalmente combatiendo las emociones que les genera la obstrucción ocasional del paso, los mas favorecidos llegan no mas temprano que cualquiera de los que éramos sus vecinos, pero llegan agotados a su meta, extenuados, y poco productivos.
Entonces es inevitable hacer la analogía con la vida, de igual forma, muchos  eligen vivir sus vidas, corriendo de un lado para el otro, asumiendo que el tiempo es su peor enemigo, combatiendo a los demás para ser los primeros, llevándose a muchos por delante para avanzar mas rápido hacia su meta, no se toman un tiempo para la quietud, para alimentar bien sus cuerpos, para ejercitarlos, y para ser sus propios amigos. Son los mismos, que finalmente uno ve prematuramente en la meta equivocada, intentando retomar el camino de lo que ahora si desean, cansados, viejos, enfermos prematuramente e infelices porque en la autopista de sus vidas solo miraron los obstáculos como algo a lo cual   sobrepasar, no como algo de lo cual aprender también, los mismos que jamás pensaron  que posiblemente esos obstáculos muchas veces solo eran letreros de parar a los que el universo nos invita con sutileza para mirar hacia dentro.

Luz Dary Jimenez Monsalve

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© Antonio Javier Plazas (Todos los derechos reservados por el autor)

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