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La mejor maquinaria |
| Lo que se obtiene con violencia, solo se puede mantener con
violencia. Ghandi Ir de compras, es para algunos un acto tan mecánico que pensamos que lo único necesario para poder hacerlo es el dinero. Durante mi estancia en Noruega conocí un centro de recuperación para personas que han perdido facultades vitales de su cerebro que les impiden llevar la vida con la normalidad que lo hacemos muchos. Ir de compras en aquel centro era la función más importante en el camino de la recuperación, curiosamente en esa sociedad el dinero no era el mayor obstáculo para hacerlo, en este caso el mayor obstáculo era el cerebro y la facilidad de utilizar todas sus funciones vitales para realizarlo. Seguramente la gran mayoría no estamos conscientes de este patrimonio inmenso que es el cerebro, tampoco consideramos por un solo momento lo afortunados que somos al contar con uno, no solo bien equipado sino que funciona como nosotros queremos y que esta a nuestro servicio, muchos creen que tener esas facultades no es gran ganancia y seguramente se sienten miserables por no contar con una fortuna considerable para poder ir de compras, la fortuna que ya tienen, no les es suficiente. Aprendí mucho de las cosas esenciales de la vida asistiendo a aquel centro y acompañando a algunos pacientes a su primera salida de compras luego de un extenso tratamiento terapéutico para poder ejercitar esa labor. Todo comenzaba desde realizar la lista de las compras, poder recordar los nombres de algunos productos necesarios para la alimentación hasta poderlos encontrar luego sin ayuda en el supermercado, y poder realizar de nuevo operaciones y cálculos matemáticos para comparar su presupuesto con la cantidad de objetos comprados. Era una labor que tomaba mucho tiempo a aquellas personas, una labor que a simple vista es tan fácil y tan rápida para nosotros. Aquellas personas salían con su mejor sonrisa dibujada en sus rostros después de haber vencido a la amnesia temporal que los había sacado de algunas funciones mecánicas de la vida cotidiana. Aprendí sobre todo que la vida es cada segundo que nos pasa, que
cada acto que realizamos por mecánico que parezca, es un premio divino por el que
deberíamos rendir culto a diario. Es difícil posesionarse del momento presente, es
difícil sustraerse del aburrimiento en que a veces nos dejamos atrapar por estar
añorando aquello que no tenemos, es difícil ver el milagro constante que somos y la
permanente conjugación verbal de sucesos que ya no nos asombran. Es más fácil dejarnos
atrapar por la rutina y sumergirnos a la espera de mas pasión y mas intensidad para
sentir que estamos vivos, cuando estar vivo solamente es abrir los ojos y darse cuenta que
somos la mejor maquinaria que hay en el mundo. |
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© Antonio Javier Plazas (Todos los derechos reservados por el autor) Preguntas, comentarios o referencias: infosaberser@wanadoo.es |