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Antonio
Javier Plazas

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"La falsa realidad es el alimento del ego y la muerte del espíritu"

Las múltiples problemáticas sociales que nos aquejan actualmente siguen mostrándonos el abismo al que nos acercamos, la materia prima que utilizamos para cavar ese abismo, y hacia donde podríamos encausar nuestras energías para desviar ese rumbo.
El libre albedrío incluye la capacidad de elegir lo mejor para nosotros como seres humanos que somos por el solo hecho de serlo y porque lo merecemos, solo que cuando los métodos que creímos inicialmente sabios fallan eso solo significa que no eran los mejores, ni son los que nos conducen al verdadero éxito.
La palabra éxito nos ha traído ya suficientes problemas, en nombre de esa palabra se han cometido toda suerte de equivocaciones, en nombre de ella, el ser humano adoptó la postura y la filosofía abanderada durante décadas enteras que no es otra que: "el fin justifica los medios"...
Con esta premisa los medios se volvieron poco ortodoxos y la ética quedó como una bella palabra poco consultada en el diccionario, los valores y códigos morales fueron dando cabida a lo que el ser humano llamaría modernismo, y muchas cosas básicas para el buen desarrollo del ser humano quedaron sepultadas en el tiempo perdiendo su aroma y su importancia vital. El éxito entonces se convirtió en la panacea universal, y en el principal objetivo de la humanidad. Desde niños se nos enseñó a soñar con el éxito y se nos enseñó a dividir a las personas entre exitosas y fracasadas, las primeras deberían lograr todo lo que se propusieran sobre todo si ese propósito estaba al servicio del ego, deberían tener títulos, amasar una buena fortuna, casarse, reproducirse y comprar. Robar estaba estipulado como quitar una pertenencia material a alguien, otras formas de robo quedaban permitidas en los medios que uno eligiera para conseguir poder, fama y por lo tanto ser exitoso.
Los segundos o sea los fracasados no cumplían ninguno de los anteriores requisitos y por lo tanto muy seguramente elegirían carreras como las artísticas, les importaría como consecuencia muy poco el dinero y por lo tanto vivían "mal" y en ubicaciones extrañas.
Con todo y este bagaje cultural no es extraño que las jovencitas sean presas fáciles de conceptos de éxito que prometen una vida futura de poder y de fama, y en ello invierten como su mayor capital su belleza y esa extraña sumisión y reverencia por el dinero y por el falso concepto de éxito. Ahora, ¿quién puede reeducar a una bella joven para que replantee sus conceptos de éxito y poder? ¿quién compite con los medios, la publicidad y el bombardeo social constante que nos arrebata las jovencitas en un abrir y cerrar de ojos y las pone en manos de esteticistas, cirujanos, profesores de modelaje y toda suerte de vendedores ambulantes de sueños que venden cada historia debidamente maquillada a nuestras bellas adolescentes?.
El mercado del modelaje, reinado y en general el mercado de la belleza está cada vez más viciado, todo hace pensar que tocamos fondo al respecto, ya no es posible ejercer el modelaje sin que tengas que arreglarte lo que sea que alguien decide que se debe arreglar, han quedado atrás o en su defecto han quedado en otros países (que por suerte se rigen por otros parámetros de belleza) las modelos con su poderoso Factor X a quien se le explota solo su punto fuerte para dar cabida al punto fuerte de otra.
Se trata simplemente de que cada chica ha de tener un fuerte en su conjunto que sin duda venderá, mientras otra tendrá otro fuerte distinto y ese será el que venda, así en Colombia y podría decirse que en América se ha hecho del modelaje, un patrón común a seguir (léase uniforme), bien podrían inventarse una modelo perfecta y clonarla, pues en mucho es eso lo que buscan las agencias de modelaje, así vemos Angeles de Charlie repetidas en todas partes, hasta parece que vivimos en el país ya no de las mercancías sino en el país de las siliconas,(y unos senos de contrabando) hay una aridez de naturalidad, no por defecto sino porque nos robaron la mentalidad de las niñas, y las sumergieron en la cultura colectiva del modelo perfecto a seguir.
Hay no uno, sino cientos e inimaginables intereses y negocios extraños y fraudulentos que circulan alrededor de las agencias que abogan por los implantes de siliconas, convendría cuestionar bien los parámetros reales de la publicidad y verificar si en efecto hace falta tanto bombo para ser una modelo, pues la publicidad han movido cantidades de dinero siempre y mucho antes de que las modelos eligieran ser "perfectas" a fuerza de la artificialidad, no creo que esto sea un asunto de producto, mas bien puede ser la base de negocios fraudulentos que como hemos visto sigue cobrando vidas entre las jóvenes modelos.
No sucede nada realmente después de una cirugía estética, no le ocurre nada distinto ni extraordinario a quien se somete a una cirugía estética que no le ocurra a quien no se la practica, esto no garantiza absolutamente nada de no ser quizá problemas, las niñas que vemos en los medios con este tipo de cirugías, siguen siendo abandonadas por sus novios o esposos, no son más felices por eso, su vida familiar no es mas sana, su entorno social no sufre ninguna alteración, en líneas generales lo único que dejan las cirugías estéticas es un profundo vacío, un profundo descontento, un no saber quien realmente se es, de donde se viene y para donde se viaja en este mundo, así mismo solo deja en evidencia que seguimos siendo una sociedad mentirosa que aborta la realidad visible para adoptar una realidad ficticia y aparente, quizá porque no creemos tener la suficiente fuerza y valor para ser valiosos de la manera que fuimos arrojados al mundo, esa no es otra cosa que una forma de evadir la verdadera responsabilidad sobre nuestras vidas con esa insistente manía que tiene el ser humano de maquillar todo en aras de perseguir la imagen falsa que nos han vendido de la felicidad. Después de ese vacío, y de ese contacto con la falsedad que le imprimimos a la vida solo queda el retorno a casa (la muerte) como opción final.

FIN

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© Antonio Javier Plazas (Todos los derechos reservados por el autor)

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