De la Teoría a la Acción


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Antonio
Javier Plazas

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A diario recibo documentos con mensajes exhortando al lector al pensamiento positivo y a conductas asertivas que inclinen al individuo a una mejor calidad de vida y por ende a expandir éste fundamento y un estilo de vida diferente en nuestra sociedad.

Sin embargo me ocupa mucho en éste momento un interrogante que me he permitido hacerme a mi misma y hacer extensivo a quien lea este escrito.

¿Qué es lo que nos impide pasar de la teoría a la acción?. Mucho más que leer y releer los textos que indudablemente en algo se graban en nuestra mente se trata además de empezar a tomar Consciencia de nuestra propia vida y del enfoque que le hemos dado.

La palabra consciencia es una palabra empleada en el lenguaje diario muchas veces, no así interpretada en su máxima expresión y más aún en su complejidad. Si, me atrevo a llamarla compleja, siendo como es el principio pránico del individuo y la que nos permite protagonizar nuestra vida de manera que nos demos cuenta de lo que hacemos, no parece que en realidad nos percatemos de TODO cuanto hacemos, obramos mecánicamente en un significativo porcentaje diario, hasta parecemos maquinas programadas con anterioridad para actuar, pensar y sentir conforme a una consciencia colectiva, pero y ¿que hay de la consciencia individual?. No es ésta acaso la misma que me permite mirar mi vida al margen del resto del mundo, no como organismo único y epicentro del universo, materialmente hablando (en cuyo acto solo se escondería una conducta egocéntrica que actuaría solo a mi favor) sino la de poder darme cuenta que si bien constituyo una microcelula de este poderoso organismo llamado universo, tengo por ende una responsabilidad enorme de contactar con mi consciencia individual para aportar lo mejor al universo, y no al contrario, suponer que por ser algo así como el centro del universo, éste debe acomodarse conforme a mis demandas y actuar siempre conforme a lo que yo pienso que es a mi favor.

Poder ver el rostro del universo en cada acto guiado por alguna fuerza dentro de mi, y mas aún poder detectar que clase de fuerza me orienta hacia determinada conducta es un paso gigantesco que puedo empezar a dar para despertar mi consciencia.

La consciencia viene siendo como un arma de doble filo que bien puede ser ese estado de adormecimiento que nos sumerge en el pensamiento que solo somos lo que vemos, lo que oimos y lo que nuestros órganos de los sentidos dictan, sin mirar otros sentidos menos tangibles y sus orientaciones, o bien puede ser un testigo presencial de nuestra vida material que puede guiarnos en el momento en que nos convencemos que todo aquello que negamos y pretendemos arrojar fuera de nosotros, en realidad queda fuera, y por lo tanto conectarnos con una especie de sótano llamado inconsciencia, donde realmente depositamos todo aquello que negamos o que no queremos conservar en la consciencia. Y es esa incapacidad para acceder ese sótano lo que nos hace inconscientes del adormecimiento de nuestra consciencia y nos hace actuar en piloto automático conforme a los dictámenes de una sociedad.

Es por eso que los grandes talentos han sido aquellos que se han atrevido a despertar su consciencia individual a adquirir una conexión intensa con su potencial y energía cósmica que los hace acceder ideas diferentes a las que accedemos mediante la consciencia colectiva, es ese mismo despertar de consciencia al que por suerte todos podemos acceder, lo único que puede separar al individuo de la infelicidad, solo mediante este proceso podemos entender que la vida es una poderosa maestra que actúa siempre a nuestro favor y que cada acto con el que nos sentimos castigados, solo es una forma amorosa de actuar a nuestro favor. Solo que muchas veces no es lo mejor para nosotros lo que el ego determina sino lo que el espíritu necesita. Mediante esta conexión divina y sacra con nosotros mismos, y con nuestro inconsciente logramos despertar no solo el alma que reposa en nosotros sino las potencialidades que tenemos para tener un claro entendimiento del constante aprendizaje al que somos sometidos desde el momento en que decidimos nacer.

Fuimos hechos para ser felices no a través de lo que las rejas de la prisión egocéntrica determina, sino a través de las alas de libertad que nos proporciona un auténtico despertar de consciencia.

FIN

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© Antonio Javier Plazas (Todos los derechos reservados por el autor)

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