La Libertad de la Nueva Era


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Antonio
Javier Plazas

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Los cambios a los que se ha visto abocado el mundo están en todas partes, sin embargo en cada cambio y en ese constante deseo del hombre renovar y renovarse es inevitable que para ello retome las viejas costumbres, las viejas modas, la vieja música y así sucesivamente parecemos encontrar en cada "NUEVA TENDENCIA" la esencia en si de lo que una vez fue y que de alguna manera sigue siendo.

En realidad no hacemos renuncias a lo que nos ata a la experiencia humana, en el fondo seguimos anclados con raíces inconscientes a nuestros antepasados, quizá porque estarlo es la manera mas cercana de anclarnos a nosotros mismos, como si en alguna parte de nuestro ser admitiéramos como esperanza de vida eterna la reencarnación y por eso nos resulta difícil desprendernos de viejos esquemas de conducta de carácter social.

Solo hemos sofisticado algunas formas de hacer las cosas pero en esencia seguimos haciendo las mismas, hemos sofisticado los sistemas educativos con los hijos, pero siguen existiendo las mismas fisuras de siempre, ese tratar de modificarlos a imagen y semejanza nuestra jugando a ser dioses. Hemos sofisticado herramientas de trabajo pero en esencia seguimos igual de desadaptados y poco comprometidos con lo que hacemos. Hacemos nuestra contribución al mundo en aras del interés económico que nos reporta el trabajo y en ese proceso nos olvidamos de nosotros mismos.

Hemos sofisticado las herramientas de conquista femenina, antes cultivábamos las labores domésticas, y el tributo a ofrecer en el momento de la cacería pasiva en la jungla masculina no era otra que los bordados, la buena cocina, el arte de ser hacendosa y una belleza de rostro que mostrara lo saludables que éramos. Ahora las herramientas son otras, ahora utilizamos menos ropa, y las herramientas si se quiere son más primarias irónicamente y en contra del modernismo. La escaces masculina apremia y la cacería en las calles no es muy diferente de la que uno ve en la selva cuando los depredadores utilizan toda su innata inteligencia para atrapar su presa. El cuerpo al desnudo y los altos tacones se muestran como perfectas herramientas de conquista del siglo veintiuno combinando perfectamente armonía con debilidad, nada mas débil que una mujer trepada en unos tacones de 15 cms. El objetivo y lógicamente el canje es visible, es expuesto a la luz de la víctima, por eso no es de extrañar que ellos huyan, que ellos tarden tanto en saber exactamente que quieren, y mientras tanto se gastan sus mejores años experimentando las mieles del sexo fácil ofrecido tácitamente en todas partes, y de repente sin darnos cuenta hemos perdido las dos herramientas poderosas de conquista, el respeto y la admiración. Queda poco por admirar de una mujer que lo muestra todo, que lo entrega todo y que se pierde a si misma en ese proceso, queda poco que descubrir, dejando la naturaleza masculina anulada, esa naturaleza de conquista que le es exclusiva al macho en cualquier especie que se observe.

Finalmente los malos son ellos, los que nos abusan, los que nos aniquilan la autoestima y los que no nos valoran, cuando no les hemos permitido ejercer sus roles masculinos en pleno, cuando les hemos arrebatado esa médula que los hace buscarnos, necesitarnos y amarnos.

Agrandamos los barrotes del espíritu y lo aprisionamos, nos falta creatividad para convocar de verdad lo nuevo, lo verdaderamente nuevo que habita en el alma de cada uno Y a esto le llamamos "libertad y nueva era"...

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© Antonio Javier Plazas (Todos los derechos reservados por el autor)

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