La Disolución de la Realidad


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Antonio
Javier Plazas

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La aparición de la falsedad ha encumbrado muchas esferas no solo sociales sino culturales, al punto que la base del desarrollo humano lentamente se ha ido construyendo sobre la mentira. Minuciosamente podemos darnos cuenta de la medida en que nos hemos tornado una sociedad que rinde culto a la mentira, en algunas ocasiones inconscientemente en otras muy conscientemente. Las cirugías estéticas, el maquillaje, la moda y todo aquello que contribuye a modificar una auténtica imagen o una auténtica personalidad en aras de obtener aprobación social están fundamentados en la mentira. Hay cifras escandalosas invertidas en construir mentiras, el culto por la actuación no es otra cosa que el culto por la mentira y por la capacidad de algunos de hacer de esa mentira lo más parecido a la realidad.

La disolución de la realidad ha sepultado al ser humano bajo miles de máscaras y de corazas en donde en su afán por protegerse del medio y de los demás termina solo protegiéndose de sí mismo. Esta disolución de la realidad deja al ser humano a merced de un ente desconocido por si mismo y del que poco queremos saber, el inconsciente, que en su afán por revelarnos la realidad de quiénes somos juguetea con nuestra verdad, y la expone a la Luz dejando al desnudo quienes somos para otros excepto para nosotros mismos.

El proceso de verse a sí mismos desde la sintomatología del inconsciente es el que muchas personas pretenden ahorrarse, al encajar en el nuevo sistema de valores en donde la verdad sigue siendo relativa, o postergada solo para casos excepcionales. Solo que este ahorro, resulta a veces muy costoso, es cuando la vida emocional se nos sale de control y llegamos a serias dudas de quienes somos, si los que nos inventamos que éramos o los que somos en realidad.

Desafortunadamente tienen que llegar situaciones detonantes de nuestra realidad, para ponernos frente a la misma dejándonos mal librados ante nosotros mismos, entonces el equilibrio tambalea, la vida de mentiras construída por nosotros y que le permitimos construir a otros a nuestro alrededor se disuelve, el supuesto control obtenido nunca estuvo y nunca será, la panacea ofrecida por tanta mentira ambulante falla, y la realidad inminente se presenta como el desastre de nuestras vidas, como el castigo inmerecido, la maldición que nos alcanza, la injusticia cósmica aplastante, y ante eso solo quedan dos caminos: hacernos responsables, o construir nuevos castillos de mentiras propias y ajenas, posesionándonos del rol de víctimas y seguir por la vida culpando al mundo de ser injusto, e intentando hacer nuevas compras de valores con la falacia y la hipócrita imagen que un día compramos y vendimos.

Esta es la psicología del conflicto, que se presenta casi siempre como la guerra entre lo que es y lo que quisiéramos que fuera y en donde solo puede ganar uno, generalmente le apostamos a aquel en el que nos perdemos a nosotros mismos.

Es justamente el hecho de que su realidad sea continuamente puesta en tela de juicio, lo que hace que las personas sinceras evolucionen continuamente y comprueben que la energía que exige la autodisciplina de la sinceridad es mucho menor que la energía necesaria para seguir mintiendo.

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© Antonio Javier Plazas (Todos los derechos reservados por el autor)

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