La Frontera del Bien y el Mal


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Antonio
Javier Plazas

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Mientras escribo estas líneas, fuera de mi estudio alguien está a punto de consumir su primera dosis de droga, alguien está robando, alguien está cegando la vida de otro ser humano, alguien está siendo infiel, alguien está mintiendo, alguien está maltratando un niño, en fin alguien se debate entre la oscuridad y la luz de su propia alma, ese conflicto al que nos vemos sometidos todo el tiempo.

Cada día de nuestras vidas nos vemos frente a la elección entre la maldad y la bondad, entre la luz y la oscuridad, es difícil saber realmente en que momento empezamos a pisar terrenos oscuros, todo lo que no implique cárcel o violar una ley mayor parece ser inofensivo. Todo el mal del que no podemos ver su magnitud parece estar dentro de lo normal y generalmente terminan siendo actos o equivocaciones que todos en uno u otro momento cometemos. Hacer un diagnóstico justo de como estamos equilibrando o desequilibrando la balanza de nuestras vidas resulta una tarea dispendiosa y en la que solemos ser demasiado benevolentes con nosotros mismos, y muy duros con los demás.

Ciertamente elegir la acción correcta es una misión que le es exclusiva a la sabiduría no así a la inteligencia.

La inteligencia es un territorio limitado del ser humano por cuanto está reducido a las capacidades de la mente, la sabiduría en cambio es ilimitada y extrae conocimientos no necesariamente aprendidos en ésta existencia, es la capacidad de conectar con información cósmica y con la majestuosidad que implica el respeto por el orden cósmico y el perfecto equilibrio del universo, es un poco más dispendioso obrar con sabiduría que con inteligencia y algunas veces terriblemente doloroso, la sabiduría actúa como la maestra y guía del ego, en la que generalmente éste debe morir para dar paso a la verdad.

Cada vez que logramos derribar el ego y pasar sobre él para actuar, generalmente estamos del lado luminoso de nuestras vidas, estamos obrando a favor del universo y por ende a favor nuestro. Este ejercicio exige la dolorosa presencia de uno por fuera del suceso, y la permanente observación del ego intentando demostrarnos que lo único que somos es él, que nuestra alma está atrapada irremediablemente en sus garras, ese proceso es tan doloroso como declararse culpable sintiéndose inocente. Entregarse a ser servicial con el ego es la manera más directa y eficaz de esclavitud que podemos asumir en la vida. No es de extrañar que en adelante mantengamos la misma posición de esclavos frente a otros dioses delatores y aniquiladores que abundan en nuestra sociedad actual.

La libertad está siempre en nuestras manos, empuñarla y atrevernos a estar de su lado solo es cuestión de vislumbrar la frontera del bien y el mal en las pequeñas acciones diarias antes de estar envueltos en ellas.

Luz Dary Jiménez Monsalve.
Tormenta Espectral Azul.


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© Antonio Javier Plazas (Todos los derechos reservados por el autor)

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