Sobre el sexo sensual - Parte 3

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Vamos a ver ahora qué espera un hombre de ti en la cama o a la hora de la sexualidad. A la mayoría de los hombres les gusta lo mismo. Y sólo tú puedes enseñarle o enseñarles a ser sensibles, a que les guste el sexo sensual, a que puedan mirar la situación para saber aplicar sensualidad contigo, la sensualidad que tú ya atesoras, como desde siempre, dentro de ti, anhelante de amor.

Lo que a él le gusta en el sexo

Una mujer sensual ha de conocer bien los verdaderos gustos básicos de los hombres a la hora del sexo. No quedarse petrificada en la intimidad con él es vital. Comienzas a ser una buena amante sensual cuando te decides a tomar también tú la iniciativa a la hora del sexo: no lo olvides. Dale masajes estando ambos desnudos, acaricia toda su zona sexual, lame su sexo de arriba a abajo, incluso sus testículos. Esto hará que se excite mucho más y que incluso comience a gemir sin darse todavía la penetración. Besa su pecho y abdomen y después pídele a él que te haga lo mismo con sus labios, su lengua y sus caricias. Se trata de que él vaya aprendiendo a hacer el amor sensualmente, que es, entre otras cosas, cada vez con más lentitud y menos imperiosidad por eyacular. Se trata, en definitiva, de que él permanezca erecto o en erección el mayor tiempo posible, mientras ambos exploráis todas las posibilidades de la sexualidad. Para esto, como ya dijimos, darse un baño o una ducha juntos y acariciaros después antes de abrazaros en la cama para efectuar la penetración es una buena táctica para empezar. Ten en cuenta que a él le gustará verte excitada, esto es, siendo capaz de permitir que él te vea excitada, comprobando él así que su deseo sexual es respondido por ti. Saber que le deseas le hará excitarse más siempre. Si él tiene dudas en este aspecto, responderá mal ante el acto sexual; lo hará torpemente o, tal vez, con algún "gatillazo". Y has de llegar a confesarle las palabras que te gustaría oír de sus labios en la intimidad con él. Éste es un buen modo de comenzar a enseñarle a amaros sensualmente. Introducirle en tu sexualidad, en tus gustos más íntimos en el momento de la máxima excitación junto a él, es algo que te permitirá luego conocerle más, ya que confiará en ti. Explícale con detenimiento las caricias que te gustaría recibir de su parte. Luego, los rincones de tu piel en donde te harán más mella sus besos. Pregúntale por sus puntos erógenos, haz que te hable de lo que más desea sexualmente, y ofrécele el placer de otorgárselo. Hablar de sexo os proporcionará sensaciones fuertes, eróticas y excitantes, como antes te adelantábamos. Esto lo olvidan muchas parejas, que pretenden amarse bien íntimamente pero sin conocerse en realidad. Habla con él de tu sexualidad y pregúntale mimosamente sobre la suya: es más que seguro que acabaréis retozando sobre la alfombra de la sala en donde hayáis comenzado vuestra conversación íntima. Tienes que dominar la situación sexual con tu pareja. Tú puedes ponerlo a tu merced sin que él apenas lo sepa o se dé cuenta. Seguro que ya sabes bien que, sólo por ser mujer, ejerces sobre los hombres un gran poder de atracción. Cuanto más clara y sutil seas al mismo tiempo con él, más deseo despertarás en tu pareja o en tu amor de turno. Tienes que ser espontánea y natural para esto. Dile lo que te gusta que te hagan al hacer el amor, pero párale los pies si él va demasiado lejos y se deja llevar por su fuerte excitación. Cuando esto sucede él actúa desordenadamente, sin conservar la tranquilidad mientras hacéis el amor. Cálmale, con tal de poder enseñarle sensualidad: no olvides que estás siendo su iniciadora o maestra, su mentora, su profesora en el arte del amor sensual. Estimúlale para aumentar su deseo por ti con tus bazas de mujer siempre bien dispuestas. A los hombres les gusta la mujer que en todo momento dado se sienta predispuesta a hacer el amor con él porque sí o de repente. Eso les "enloquece" sexualmente. Y tú has de aceptar de antemano que, en esta aún temprana etapa de la evolución humana, no es todavía posible renunciar del todo al sexo por el sexo. En realidad, a casi todos y a casi todas nos gusta. Pero hasta cierto punto, porque quien conoce el sexo sensual comprende que éste ofrece mucho más placer que el sexo por el sexo. Es por esta causa que es bueno ir introduciendo el amor sensual poco a poco en la vida de la pareja. Será excelente, en efecto, decidir conjuntamente dedicar un día al mes, o a la semana, a amaros sensualmente, esto es, de un modo diferente a como se hace de modo habitual. El sexo por el sexo ofrece unos segundos de placer cuando llega el orgasmo en él o en ambos. El sexo sensual ofrece, en cambio, mil placeres continuados. Si estáis en una de esas etapas en la que el sexo brilla por su ausencia a causa de su cansancio o porque vuestra relación pasa por un bache, el amor sensual será una buena solución para dar un nuevo o renovado impulso a vuestro mutuo deseo. Las fantasías sexuales que permite el sexo sensual despiertan siempre a cualquier pareja sexualmente alicaída, así como los masajes y los besos profundos que éste propicia. Sexo de pronto, de día, a mitad de la noche, después de comer en casa o tras llegar del trabajo, así como en vuestra cama o en un hotel improvisado, en una playa o en un parque solitario al anochecer, parapetados tras un bonito escenario de flores y follaje: todo esto también les va o les pone, es verdad. Lo que de antemano les gusta a los hombres es el sexo repentino, dirigido a satisfacer un deseo momentáneo suyo, y sin pasar la etapa de la estimulación erótica. Por lo tanto, para proponerle hacer el amor lo más sensualmente posible habrás de ofrecerle algo a cambio las primeras veces. Por ejemplo: "Si nos amamos sensualmente, en la próxima ocasión podrás pedirme lo que quieras..., exactamente lo que quieras o lo que más desees sexualmente". Hablar claro sobre intimidad no es ser una descarada, sino que es ser sincera además de superexcitante. Esto último lo comprobarás en cuanto lo intentes. En la cama con tu pareja no ha de caber la timidez. Dirígele para obtener de él su máxima excitación y con tal de que sea capaz de extraer de ti el mayor placer: pídele lo que quieres, tomándole la mano y llevándola al lugar que deseas que te acaricie. Te repetimos que el hombre se excita más cuanto más excitada te vea a ti. "Ahí...", "así...", "más despacio...", "mira, ahí, ése es mi clítoris, acarícialo así...", y también, "más despacio" o "más deprisa...", cuando él se halle en tu interior vaginal y a ti te sobrevenga el instante anterior a tu orgasmo y tu excitación sea máxima: es casi todo el vocabulario que necesitas para empezar en el sexo sensual; con eso, y anteriores conversaciones sobre sexo para conoceros mejor, ya le estarás excitando suficientemente. Sobre todo, en ocasiones, sorpréndele. Aunque alguna vez hayas llegado a creer que no es así, a la mayoría de los hombres les gusta dejar que la mujer tome las riendas y se haga cargo de la situación íntima por sí sola. Una mujer dispuesta a hacer sentir placer a su hombre, la hace mucho más atractiva para la mayoría de ellos. En realidad, una mujer que sepa llevar la iniciativa sexual no sólo será capaz de hacerle sentir más placer a él, tanto como a sí misma, sino que será mucho más deseada siempre por su pareja.

Las personas que logran ir pasando de una sexualidad todavía instintiva a una sexualidad sensual se hacen libres y naturales ante el sexo, y se convierten en muy buenos amantes, inolvidables para todas las personas con las que intimen. Hay que ir hacia una sexualidad sensual a partir del sexo actual porque la primera nombrada ayuda al crecimiento interior de la persona que se introduce por ese camino, y el sexo por el sexo te ancla a tu ayer instintivo sin dejarte avanzar hacia otros estadios de tu propio ser. La sexualidad sensual parte del amor a todo e, incluso, al Todo. Al Todo entendido, no exactamente como Dios, sino simplemente como Amor Ideal. La sexualidad instintiva parte, únicamente, del deseo atávico o antiguo de alguien que quiere imponerse a alguien por medio del sexo. Hay que ir hacia una sexualidad sensual, y hasta como novatos incluso de la maravilla que es la sensualidad moderna, porque toda caricia, todo beso, todo masaje, toda dulzura, están contenidas en la misma. Todos esos actos (acariciar, besar, masajear el cuerpo de la pareja, tratarla con dulzura) enaltecen a la persona que los practica.

Eso no quiere decir que cuando se hace sexo sensual ya no se pueda practicar sexo instintivo cuando se desee así, pero esto sí, aunque sea de vez en cuando, la pareja de amantes practicará sexo sensual. Esta modalidad de sexo se irá integrando cada vez más en tu vida cuando ya la has probado una vez. No es lo mismo estar en una playa en donde el sol de un mediodía ardiente te da de pleno en la cara y en el cuerpo, que estar en la misma playa, al atardecer, paseando a la orilla del mar, disfrutando de las imágenes que ves y de los sonidos que surgen del paisaje magnífico ante el que estás. Lo primero sería figuradamente lo que es el sexo instintivo; y, lo segundo, lo que es el sexo sensual.

El sexo sensual se convierte en el medio ideal para llegar a comunicarnos cada vez mejor con el entorno natural y mistérico, misterioso, que está presente en todas partes a nuestro alrededor. El sexo instintivo, sin embargo, nos ancla a un ayer humano que la conciencia colectiva ha querido ir olvidando época a época, acogiéndose a lo mejor que cada tiempo ha dado. Habría que practicar cada vez más sexo sensual (las mujeres actuales lo intuyen infinitamente más y mucho mejor que los hombres) para que la vida se relaje ante ti, para poder actuar con calma a la hora de hacer el amor, y de este modo darnos cuenta de que se entra en otra dimensión de la intimidad con esa forma de sexo. Porque en cada época hay que dirigirse hacia un mundo mejor que el del presente. Somos un eslabón más de la larga cadena que conforman, hacia atrás, nuestros antepasados, y, hacia adelante, todas las próximas generaciones que están por llegar. Hay que dejar a esas generaciones el mejor legado posible, y esto para que la misteriosa evolución humana (ésa que ha hecho que nuestros físicos se hayan ido transformando de peor a mejor tiempo a tiempo a partir del mono) tenga dónde agarrarse para mejorarse más y más a sí misma.

El sexo actual es instintivo. Reconozcamos que se produce a espasmos de deseo incontenido, en medio de los cuales la pareja actúa precipitadamente, él sobre el cuerpo de ella, ella sobre el cuerpo de él... Se obtienen orgasmos con el sexo instintivo, pero ni muchos menos tienen que ver con los orgasmos que se llegan a sentir con el sexo sensual. Los masajes del sexo sensual son una bendición, por ejemplo. Un cuerpo bien relajado por la persona que te quiere hacer el amor -todos sabemos dar masajes si nos ponemos a ello, o tras leer algún buen libro sobre los mismos-, es un cuerpo dispuesto a una entrega distinta desde la relajación obtenida. Se logra con masajes que la totalidad de piel de una mujer se llegue a erizar con tan sólo pasar la yema de los dedos sobre la misma. Se logra que la mujer relajada se entregue mucho más, y mucho mejor, a la relación íntima, una vez distensada a partir de masajes reparadores del sistema energético que recorre el cuerpo de todos. Y, un hombre relajado, es siempre mucho mejor amante que un hombre tenso. Los masajes introducen en la calma ante la vida. Los músculos del hombre están todavía demasiado tensos, así como su mandíbula, sus tendones, sus ingles, su cuerpo en general. Esto es producto de todas las preguntas sin respuesta que tiene en su mente. En esas condiciones ese hombre tenderá a realizar sexo rápido, sin medida, el cual constituye la sexualidad que hemos alcanzado, entre todos, hasta esta época. Pero un hombre con los músculos relajados, con una buena circulación sanguínea, conocedor de técnicas de relajación (e incluso de relajación en movimiento), se vuelve un gran amante, y será muy querido y deseado por las mujeres con las que intime en su vida. Pero es la mujer la que ha de enseñar a dar masajes al hombre que, frecuentemente, no sabe cómo empezar a darlos, y se limita a querer penetrar rápidamente a la mujer cuando está excitado, para, finalmente, eyacular cuanto antes, olvidándose con frecuencia del placer de ella, su compañera en ese instante. Suelen ser un poco adolescentes siempre. Una situación sensual la puede conseguir una mujer creando el ambiente correcto para llegar a vivirla. Y hay que ser una seductora por encima del propio físico. Una mujer no demasiado agraciada físicamente pero que sepa crear atmósferas sensuales a su amor de turno o a su pareja fija, es una mujer poderosa que se vuelve infinitamente atractiva ante el hombre con quien esté. Las técnicas íntimas o amatorias que se emplean en buena parte de las películas de Hollywood son técnicas propiciadas por el arte de amar sensualmente: caricias, besos, bellas palabras, inteligencia emocional aplicada en la intimidad, lentitud en los movimientos, profundidad en los toqueteos entre la pareja, atmósfera adecuada... Pasar del sexo instintivo al sexo sensual produce un relajamiento particular y sorprendente en las personas que lo consiguen. Seducir se basa en la seguridad de uno mismo a partir de sus propias técnicas sexuales. No se trata de hablar por hablar, ponerse nerviosos ante el hecho de estar seduciendo, o de "ir al grano" y no pararse ante nada. Una mujer seducida es una fuente de energía hacia el hombre, del mismo modo que un varón seducido es una fuente de poder para la mujer que lo consiga a partir de sus iniciativas. La mayor parte de los hombres, en esta época, están sobreexcitados casi siempre; esto hay que tenerlo en cuenta a la hora de seducirlos. Primero, hay que rebajar esa sobreexcitación si se quiere conseguir que logre practicar sexo sensual contigo. Luego, hay que enseñarle a acariciar, a besar, a convertir todo el cuerpo femenino en un volcán de placer. El amor sensual se hace desde la propia sensibilidad encendida, procurando darse cuenta de que el instinto nos empuja a todos a practicar de todo rápidamente con la persona con la que intimamos en un momento dado, sea nuestro marido, novio, novia, amante de una tarde o una noche. Pero alcanzas un grado superior en la propia vida cuando logras retener el poderoso instinto de la sexualidad por la sexualidad y transformarlo en deseo sensual, esto es, en deseo de estar con la otra persona disfrutando de cada instante, de cada coito, de cada fantasía sexual que contemos o nos sea contada para ser incluso llevadas a la práctica, cuando la pareja se entiende ya del todo entre sí, y mientras esas fantasías no sobrepasen la frontera de la propia dignidad personal o de la propia dignidad de terceros. Se va hacia el sexo sensual aprendiendo a retener el instinto, para ir aplicando cada vez más un poder mirar sin alterarte nada el cuerpo desnudo de la persona con la que estás en la intimidad. Los masajes son imprescindibles para aprender a realizar el acto sexual de un modo sensual. Masajes que han de ser dados con paciencia, no rápidamente, y disfrutando incluso de darlos, ya que las manos que dan masajes con asiduidad se convierten en expertas en relajar (y hasta en sanar), sobre todo si ya se conocen las variadas formas de masajes que hoy se exponen en diferentes obras sobre el tema, en cualquier estantería de libros. El sexo sensual te anima a vivir, a ser más competitivo -aunque ya desde una calma interna superior-, a ser más sensible ante el sexo opuesto o el sexo que te guste en el caso de ser bisexual, lesbiana u homosexual. El sexo sensual es una fuente de salud inacabable para quien lo practica. Dura más que los escasos minutos del sexo instintivo, ya que puede extenderse en el tiempo durante una, dos, tres horas y hasta más, cuando los amantes se han convertido ya en sibaritas del amor sexual y sensual.

Acariciar la cara de la persona con quien estás, sus párpados, su cabeza, sus manos y, sobre todo, sus pies son actos que atraen nuevas sensaciones al mundo de la propia sexualidad y al mundo de la persona con la que se esté íntimamente. Poder mirar unos senos de mujer sin enervarte, sin excitarte, poder acariciarlos sabiendo que son hermosos para ti, poder acariciar el sexo femenino de un modo suave y profundo, saber hablar lentamente a la mujer, halagándola, susurrándole lo principal de su belleza, etcétera, es estar convirtiéndose en una persona sensual. A la mujer hay que seducirla consiguiendo que ella sienta que se está seduciendo a sí misma delante de ti y a causa de ti: esto es lo que enseña la mujer que sabe ser sensual y que aplica la sensualidad en su vida sexual.

Hacer el amor con sensualidad es entrar en otra dimensión de la propia vida. Y, esto, aunque se haga sólo en ocasiones. Esos momentos serán tan recordados en la vida cotidiana que tenderán a impregnarse en todo alrededor. El caso es conseguir lograr hacer el amor sensualmente aunque sea por una vez, porque entonces la sexualidad toma sentido. Y no sólo hacer el amor, sino todo ritual anterior que tenga que ver con este hecho. Cenar, salir a cenar acaso, hablar, mirarse, todo esto tenderá a ser sensual por sí mismo. Aplicar la sensualidad es hacer bella la vida. Es extender lo mejor de uno mismo en el ámbito, al menos, del propio hogar. Es luchar para vencer a las hordas de los pensamientos y los sentimientos desordenados. Y, amar sensualmente, no significa que nos vayamos a quedar enamorados para siempre al lado de esa persona con la que estemos... La persona sensual querrá quedarse con una sola pareja de por vida, o querrá, en cambio, ir enamorándose en variadas ocasiones. Pero la sensualidad tendrá siempre la cualidad de extenderse alrededor de quienes la aplican.

Al hombre hay que darle amor después de hacer el amor: También de este modo le estarás enseñando a amar. Cuando llega ese especial momento en la intimidad, a algunos les gusta conversar, ya que están muy relajados tras eyacular; si disfrutaste de la experiencia con él, éste sería un tema de conversación apasionante, que puede llegar a excitarle de nuevo. Y son muchos los hombres a los que, quizás secretamente, les gustaría vivir con su pareja sus fantasías eróticas. Tenlo en cuenta. Tal vez al tuyo le guste verte bailar en ropa interior muy erótica o sensual mientras te la vas quitando poco a poco, o que le vendes los ojos con un pañuelo de seda para luego acariciarle en sus zonas más sensibles: en su sexo, sus piernas, etc. Invítale a que te cuente sus fantasías, y ponte en acción para llevarlas a cabo. Y, si ya te atreves, cuéntale también tú las tuyas. Y realízalas con él, ¿por qué no? Esto hará que te desee mucho más que si hacéis siempre el amor de la misma manera. Comunicarse bien con tu pareja es fundamental para obtener placer o sentir placer con él en el momento de la intimidad en la cama, o en el suelo sobre la alfombra, o donde decidáis hacer el amor. Al hombre le gusta que su pareja hable de sexo con naturalidad a la vez que de un modo picante. Cuanta más educación formal, más exquisitez atmosférica alrededor, sin duda. Esto le excitará mucho. Eso le hará desearte mucho más. Y, si él no es especialmente hablador después de hacerte el amor, no permitas de ninguna manera que vaya y se duerma, a no ser que mañana él trabaje temprano y hoy sean ya las dos de la madrugada. No permitas que él se te escape después de hacer el amor. Estará tan relajado tras realizar el coito, que de alguna manera sutil o femenina podrás entonces enseñarle más que nunca sobre la sensualidad. No hables si él no lo desea, tras haberos amado muy juntos. Pero sí, por ejemplo, no ceses de acariciarle el pecho o la espalda con el envés de tus uñas o con la yema de tus dedos rozando suavemente su piel; acércate a él sigilosamente, en ese preciso momento en que está tan relajado y sensible, y besa su piel con leves toqueteos de labios que le hagan comprender lo mucho que tú le deseas o que tú le quieres. La totalidad del cuerpo del hombre se mostrará infinitamente más receptiva a todo tipo de caricias y masajes después de haber concluido el acto sexual, y sobre todo si éste se ha realizado con algún grado de amor, además de con pasión. Exactamente lo mismo le sucede al cuerpo de la mujer; y así como el cuerpo acepta o acoge de modo muy positivo todo preámbulo sexual de los que ayudan a aumentar en muchos grados la excitación, asimismo también acepta y acoge todo acto postcoital lleno de amor, toda caricia destinada tan sólo a hacerle o a haceros sentir placer tras el coito.

 

 

 

 

 

El acto de hacer el amor consta de tres partes bien definidas: los preámbulos, la penetración, y el postcoito o los momentos que se suceden inmediatamente después del coito. Dentro de los preámbulos (esto es, dentro de los actos sexuales que se deseen realizar antes de lo que es propiamente el coito), entran todo tipo de masajes reparadores, besuqueos, caricias, excitantes palabras, fantasías destinadas a aumentar en mucho todo calor sexual entre ambos, así como fórmulas destinadas a aumentar la excitación con sensibilidad tales como la postura del 69, en la cual las bocas de ambos amantes quedan ante el sexo de la pareja para realizar sobre el mismo todo tipo de acciones erotizantes. Ya cerca de la penetración, cabe toda masturbación mutua, tanto de ella ante él, con lo que esto le acabará de excitar, como en muchos casos también de él ante ella. Son muchas las mujeres a las que les gusta contemplar el vigor con el que su compañero sexual se masturba seriamente ante ellas, y a causa de sus cuerpos femeninos desnudos frente a él. Todo beso profundo cabe también en el momento en que se esté produciendo la penetración, así como toda caricia mutua y honda en la piel de cada cual. Será en los instantes siguientes al coito explayado o retenido cuando llegarán los diálogos más abiertos y relajados o las caricias más sensibles y amorosas; incluso, al son del humo de ese cigarrillo que a muchas personas les gusta fumarse después de hacer el amor.

Pero sigamos con la serie de trucos y fórmulas que te harán triunfar en la intimidad con él, al mismo tiempo que le preparas para realizar las más sutiles y provocativas técnicas provenidas del arte del amor sensual o de la sensualidad. Nunca debes simular el orgasmo. Te será fatigoso y sentirás una desazón muy grande tras haberlo simulado. Cuando a ti no te apetezca nada hacer sexo y él si quiera, será mejor que le trates con dulzura, y que le des una excusa que sea verdad y no rompa con su deseo; por ejemplo: "Estoy muy cansada por mi trabajo, pero mañana antes de levantarnos quizás podamos hacerlo". El sexo al despertar es el preferido por buena parte de los hombres. Les relaja para toda la jornada. No es nunca mala idea acostarse temprano, poner el despertador media hora antes de lo habitual, y hacer buen uso de ese rato extra al despertar. Crearle tú este tipo de situaciones y atmósferas le predispondrá a hacer el amor sensualmente en ese día semanal tan especial siempre para los dos. Un hombre tenso porque no hace el amor es un hombre con pocas o nulas posibilidades de éxito en la vida. Después de un día difícil en la oficina o en el trabajo, un buen masaje le relajará, le animará y le servirá como preludio al sexo. El truco estriba en hacerlo como si fuera una caricia larga y profunda. Ayúdate con un aceite o una crema porque frotar con las manos secas puede ser molesto para ambos, para tus manos y para su piel.

Los masajes mutuos aumentan en mucho el deseo sexual.

En la relación sexual, el hombre no tiene que ser el factor dominante todo el tiempo; es más, aunque en un principio lo nieguen, a ellos les encanta ser pasivos. Desde luego, si la mujer va a tomar la iniciativa, ellos quieren que ella domine muy bien las técnicas sexuales y que, por lo tanto, la mujer sepa lo que está haciendo. Moverse desordenadamente ya en el momento de la penetración, o hacerle daño al tomar su pene para masturbarle, es algo que les molesta mucho; del mismo modo, practicarles una felación –una mamada– y hacerles daño con los dientes es algo que enfriará bastante su deseo sexual por ti. Así que cuidado, y a ser una buena profesora de sensualidad: sólo cuando lo hayas convertido en un buen amante –siguiendo todo lo que te estamos exponiendo- podrás empezar a introducirle en el excitante juego de lo que es la sensualidad adelantada y aplicada en pareja. De cualquier manera, es verdad que a los hombres les encanta que la mujer les seduzca. Es lo moderno. Hay hombres que esto les gusta siempre. Son los menos. Hazlo sin que él sienta mellada su masculinidad. Sé natural y sutil al seducirle. Pero, cuidado, no vayas a parecer una mujer fatal porque le asustarás (a algunos no). Más bien, interpreta a una amante solícita que sabe cómo excitarle. Y al hombre le gusta que la mujer haga algún ruido durante el acto sexual. La mayoría detesta hacer el amor en medio de un silencio absoluto. Al hombre le encanta que la mujer "grite" o que suspire y gima, especialmente cuando se acerca al orgasmo. Eso le indica que ella está disfrutando porque él ha sabido hacerla disfrutar.

La mujer a la que le gusta practicar el sexo oral es un regalo para el hombre. Detestan que la mujer indique que lo hace casi a disgusto o sólo "porque él se lo pide". A la mayoría de los hombres –por su parte- les complace hacerle el sexo oral a la mujer, tanto como recibirlo. Y esperan que ella lo disfrute. La higiene íntima es, por tanto, vital para una sexualidad sana de tendencias ya sensuales. No hay afrodisíaco como el agua y el jabón. Una piel que huela simplemente a jabón de baño es una piel que apetece acariciar, besar. A los hombres les gusta la ternura y el afecto en la misma medida que les gusta la pasión. También, le dan una enorme importancia a que las mujeres comprendan sus reales necesidades sexuales. Usa tu intuición para esto. Y es fácil llegar a mostrarse muy serios ante el sexo, sobre todo cuando se quiere que sea perfecto, y la tensión que eso sitúa entre la pareja es perjudicial. El buen humor puede aligerar la situación y disminuir esa presión. Aquí cabe cualquier tipo de cosa, desde la disposición a probar nuevas posturas sexuales, hasta ponerle pimienta a cada momento como un preludio a la penetración.

 

 

 

 

 

A menudo –como te hemos dicho ya-, a casi todos los hombres les resulta extremadamente excitante el sexo por el sexo, sin estimulación ni jugueteo previo. Sométete a esa práctica repentina pero no sin antes decirle algo parecido a lo siguiente: "Está bien; haremos sexo duro cuando lo desees; pero tú harás sexo sensual conmigo cada vez que a mí me apetezca". Y si él te llegara a preguntar:

-¿Y qué es eso del sexo sensual?

Tú podrás responderle ya:

-Es hacer el amor con sensibilidad y lentitud. –Y podrás añadir: -Como en las películas, entre los actores tipo Tom Cruise, Matt Dillon, Richard Gere, Harrison Ford y demás con sus parejas de turno ante las cámaras. Así..., muy despacio, muy lentamente, saboreando cada instante, cada caricia, cada fantasía, cada beso, cada palabra o gemido...

Comprobarás cómo él no se podrá negar a pasar ya de hacer el amor como siempre, instintiva, sexualmente, a hacerlo de modo sensual. Y es que hacer el amor o practicar sexo sensualmente es realizar un poderoso adelanto voluntario en la historia personal de cada cual. Pasar de hacer el amor sólo sexual, instintivamente, a hacerlo de modo sensual -aunque sea en ocasiones- es obtener carisma, poder personal, armonía, así como lograr ser más atractivos interna y externamente. Una excitación más profunda y más placer, más felicidad en pareja obtendrás haciendo el amor sensualmente, sea cual sea tu opción sexual. Cada persona tiene en sus manos mejorar la raza humana al mejorarse a sí misma. Y mejorar en el sexo es, también, acercarse a las verdades de la vida: esta última idea queda desarrollada en el apartado final de esta obra.

Fíjate bien ahora, amiga lectora: lo más importante es, ni más ni menos, que le enseñes a respirar llegada la hora de la intimidad. Si eres sabiamente astuta, no le dirás a él que vas a enseñarle a hacerlo sino que, simplemente, lo harás... ¿Por qué esto así? Porque por lo general el hombre no está dispuesto a aceptar que, a la hora de la sexualidad, se deja dominar demasiado por una respiración, digamos, exagerada. Tú, en cambio, compruebas mientras tanto que, en la misma situación, tu respiración apenas se modifica. Esto, menos cuando ambos os entregáis a la realización de un coito rápido propiciado por un calentón, como se suele llamar. Hay que diferenciar entre estos polvos tan necesarios como intrascendentes y lo que es la sensualidad o hacer el amor de un modo sensual. No importa en absoluto que cada vez que quieras te homenajees, digámoslo así, con un coito apasionado y esplendoroso, dejándoos llevar ambos por una respiración agitada y todo tipo de desenfrenos raudos. La cuestión es dedicar otros momentos al amor sensual, con lo cual estarás logrando adentrarte poco a poco en un mundo de placeres mucho más sofisticados y especiales. Adentrarte tú, y adentrarle también a él en los mismos, por supuesto. Y esto se consigue, sobre todo, enseñando a respirar bien a tu pareja fija o a tu amor de turno. Cuando él se sienta excitado por ti y te desee, comprobarás que su respiración aumenta en mucho. Esto produce que su excitación sexual sea rápida, y la tendencia en él será eyacular cuanto antes para desfogarse, con lo cual toda lentitud –siempre necesaria para el amor sensual- no podrá darse. Por eso, cuando tú decidas que en esa ocasión quieres realizar la sensualidad que deseas vivir o experimentar con él, deberás comenzar por decirle simplemente: "Respira hondo y despacio, mi amor". Cualquier frase parecida a ésa y que tenga el mismo significado te valdrá. Cuando él comience a hacerlo, estarás ya iniciándole en el arte de amar más placentero, el que os permitirá todo tipo de masajes, posturas, penetraciones y fantasías juntos. Al respirar de ese modo, profunda y lentamente, tu amante comprobará que comienza a ser mucho más dueño de sus actos y de su deseo sexual. En ese instante, invítale con cariño a que mire tu cuerpo mientras te desnudas o mientras permaneces ya desnuda ante sus ojos. "Mírame, sólo mírame y disfruta por mirarme", puedes llegar a decirle. A los hombres, en general, les cuesta más que mucho mirar el cuerpo desnudo de una mujer estando al lado de ella. Esto es un atavismo, una consecuencia de la evolución hasta aquí, un complejo mantenido en el propio corazón del varón así como en su mente.


(Mail enviado por Ricardo Daulah a la lista Gran Tantra)

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