Un Titán llamado Tilak
Parte I


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Antonio
Javier Plazas

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Shri Svami Tilak Paramahamsa


Shri Pujya Baba Bajaranga
dasji Maharaja

Ver la relación de Swami Tilak con su Maestro a mi me sirvió de mucho, por que cuando yo llegue a este ashrama yo ya había tenido Maestros que me habían enseñado muchas cosas y había visto relaciones entre Maestros y discípulos, que obviamente no tenían nada que ver con este tipo de relación.

Había visto Maestros que no conocen a sus discípulos, maestros inalcanzables, imposibles, maestros poco exigentes con el carácter y la personalidad del discípulo, habia visto grandes organizaciones en Nueva York, en Washinton, en Londres, en Madrid y la verdad es que esto no era normal, para mi era algo muy especial.

Ver a Swami Tilak cómo lavaba los pies de su Maestro, cómo le daba masaje en las piernas, como le cocinaba, como le escuchaba como un niño. Para mí, siendo Swami Tilak algo grande, enorme, un pozo de sabiduría infinita, verlo ante su Maestro de una manera tan sencilla, tan sabiendo renunciar a su grandeza por que esta ahí su Maestro y comportándose como si fuera un tonto, como alguien que no comprende, dispuesto a bajar la cabeza y recibir una reprimenda, a mí me enseñaba realmente lo que era el principio del Gurú.


Después, cuando Él no estaba con su Maestro y yo estaba con Él, Swami Tilak crecía como una montaña. Cuando yo aprendí a ver lo grande y lo humilde, que ambos sentidos tenía Swami Tilak, entonces cuando yo le veía con su Maestro yo le veía todavía más grande, que cuando estaba conmigo a solas. Eso marcó mi forma de pensar, pero lo más importante es que marco Swami Tilak la forma de ser de cientos de miles de personas.

La desaparición de Swami Tilak de este mundo, es la desaparición de un hombre, como tantos otros que han pisado este mundo, pero era la desaparición de un hombre que representaba una generación de personas muy sabias, muy emblemáticas y muy buenas que es difícil de poder igualar. No es un hombre que necesita de publicidad, no necesitaba rentas, por eso no buscaba la publicidad, ni buscaba ningún reconocimiento de ningun tipo. Se sentaba en ese asana, que esta ahi y ese es el manto que tenía el día de su muerte. Un hombre que los propios hindúes, la propia Vishua Hindu Parishad celebraron en su honor muchos actos y todos venían a decir lo mismo, es difícil que vuelva a pisar el mundo donde el ha vivido, es dificil que vuelva a haber un hombre, que pudiera unir el conocimiento de los antiguos Rishis, con la humildad de los místicos del pasado, con la inteligencia de un hombre absolutamente culto, listísimo, que conocía no sólo de la espiritualidad, si no de la vida en todos los niveles, que hablaba siete idiomas cuando murió y traducía en los siete idiomas, era increíble, es muy difícil que se repita.

Se murió demasiado pronto y al morirse demasiado pronto, dejó mucho vacío y ese vacío es muy difícil de llenar, es imposible, para los que lo hemos conocido imposible, pero es muy difícil llenar tan sólo un 10% todos juntos y no los que somos, si no los que podamos ser, mañana continuadores de su trabajo.

El cuando moría, sintió morir, siempre dejaba bien claro hay que seguir al conocimiento, no hay que seguir a las personas. Seguir a las personas para poder aprender el conocimiento y en ese sentido le respetamos profundamente. Lo importante es que el sentido de esta Escuela es el de continuar con el trabajo que Swami Tilak empezó y que no está terminado y no está terminado en dos sentidos: no está terminado en nosotros mismos, por que a nosotros nos falto mucho Swami Tilak para poder seguir consagrando nuestra vida hacia la perfección, por eso sentirnos huérfanos de Swami Tilak, es algo que yo por lo menos me sentiré siempre, cuando el dejo su cuerpo fue en 1984 y me sigue pareciendo ayer. Dentro de culminar este trabajo en nosotros mismos nos lleva a un compromiso muy serio muy formal, con la espiritualidad y con las enseñanzas de Swami Tilak. Esto es así, hasta convertirlo en algo positivo, por que es la garantía de no desvirtuarlo, es la manera de espiritualidad que no renuncia al compromiso con la vida real, no te lleva a tener que marginarte de la sociedad para ser una buena persona. Evita tambien la tentación de caer en sectas y en grupos estúpidos para poder deasrrollar la vida espiritual. Trabajar en la vida diaria, haciendo la vida más firme, amar la belleza, amar la estética, amar el conocimiemto, amar la sensibilidad, pues es el mejor legado que Swami Tilak nos pudo dejar. Saber apreciar la felicidad que hay en el mundo.

La otra parte del trabajo que no se terminó, es la de seguir difundiendo la Dharma del Veda cumpliendo así con el trabajo que Swami Tilak desarrolló durante su vida al día de su muerte, si no también cumpliendo con el trabajo de los Rishis, los antiguos patriarcas del principio de los tiempos, que aparecieron como el camino eterno, eso es una deuda que los que somos Védicos la llevamos en un cordón sagrado, en uno de esos hilos, de los tres que tiene y es la Rishi Rina, la deuda con los Rishis, con los sabios. En ese cordón sagrado que se llama Yagño Pavita; pavita de cordón o de sutra y yagño de sacrificio. Tres son las deudas que nos comprometemos a pagar, luego podemos decir que ser védico es querer dejar de ser moroso, por que es querer pagar ¿no? y esa deuda la Rishi Rina, la deuda con los antepasados, con los maestros es que debemos de pagar la deuda, por habernos enseñado a vivir el camino del mundo, enseñándonos a vivir el arte de vida, que se podía resumir en las mismas palabras que forma el lema de esta escuela “Saber ser en todo momento y en todo lugar“. Saber ser es muy difícil, por que hay tantas cosas en la vida, a todos los niveles que nos impiden saber ser. Llegar a una cierta edad y todavía no saber que es lo que quieres ser, es una gran tragedia, una gran pobreza y para ser tiene que definirse lo que quiere ser, pues no se consigue ser sin hacer lo que tienes que hacer. Lo que tienes que hacer evidentemente forma un camino, forma un camino de pautas, de conductas, involucra lo que comes, lo que piensas, lo que sientes, lo que estudias, en que te divirtes, por que todo lo que haces, al igual que toda la comida que tu tomas, te construye. Nadie sabe, nadie se preocupa de pensar donde va la pizza margarita que te acabas de comer, si va a tu hígado, a tu dedo meñique, a la uña, nadie piensa que aquello que está mirando, hablando o gozando a que parte, de su personalidad, de su alma va.

Para ser, necesitas hacer y ese hacer, necesita de una buena asociación, asociarte con personas inspiradoras, asociarte con pensamientos inspiradores, asociarte con comportamientos inspiradores, asociarte con aquello que te lleva a la verdad, con todo lo que te hace ser mejor, más verdadero, más auténtico, más coherente o dicho de otra forma con lo que quieres ser. Si lo que quieres ser es ser más verdadero y ese ser más verdadero es acercarte más a la verdad entonces se puede cumplir, la gran sentencia del Veda que concibe mejor que nada lo que es el dharma o la espiritualidad y que involucra todo de una persona, “Satyam paramo dharma”. No hay dharma más elevado que la verdad y la verdad empieza posiblemente con ser coherente con tu vida, a pesar de todas las dificultades, todos los obstáculos, los familiares, los culturales, los miedos internos, los traumas, por eso eres tan responsable de tu vida. Nadie es responsable de tu vida, nada más que tú. Puede que te quieran mucho, puede que algunos te quieran bien o te quieran mal, pero tú tienes que hacer el camino que deseas seguir y rectificar cuantas veces necesites rectificar, considerar que tienes que dar dos pasos hacia atrás cuando te has equivocado. Uno no tiene que tener ese orgullo estúpido, que te lleve a no mejorar, por que siempre mientras que respiras hay opción, cuando no respiras no hay opción. Entonces en esa coherencia, en esa definición, cada cual busca ser lo que quiere y esta bien que busque ser una buena persona, y para ser una buena persona ha de hacer el camino del Veda, el camino de la Dharma, por que en la idea de ser un buen hombre, va implícita la necesidad de ser también un buen espiritualista.

Encontre en la religión, no en la superficialidad espiritual, en el compromiso con la religión encontre el camino, para ser una buena persona y una persona que no sé si soy y si lo supiese no importaría, si fuera bueno por que no sería suficiente, por que ya lo dijo el maestro Adi Shankara: “mientras que respires no te fies de tu mente”, por eso nunca eres lo suficientemente bueno, nunca puedes pensar que ya has llegado. La prueba de este exámen de la vida está siempre en le gran reválida de la muerte. Saber morir implica saber haber vivido. Eso es una cosa inexcusable, ver morir es ver lo patético de una vida o lo glorioso de una vida y hay muchas lecciones desgraciadamente de como se muere, con buena muerte o mala muerte. Muy pocas veces se puede ver que haya una gloriosa muerte, una muerte que te diga no temas a la muerte y que te inspire para vivir hasta poder agotarla. En sánskrito a la muerte muchas veces se le llama “mala”, el cocodrilo que te acecha en las profundidades de los ríos tenebrosos de la existencia, cuando vas en el barco vas protegido, pero que cuando vas descuidado, abre sus fauces y te come, sin preguntar si quieres perder la vida, por que nadie sabe cuando le visita la muerte, nadie. Pero después la palabra mala significa, esta la palabra Rama, que aquel que tenga la muerte y la tiene presente, pero es capaz de ver su rostro maravilloso, el rostro de Dios que sale después de la muerte y al igual que se repite el nombre muerte por que esta asustado, por que viene ese cocodrilo para comerte, pero si se fija en segundo se esta dando cuenta que en su temor, lo que esta viniendo en realidad es el dios del Dharma, Rama, entonces es como aquel que esta repitiendo el nombre de Dios en esta vida, para tener siempre presente algo que no se debe olvidar, que vivir es un tránsito inexcusable de la muerte, y que vivir bien significa morir bien. Vivir es saber morir y que si hay cosa segura en tu vida, la única es que todos nos tengamos que morir, todos. Y este pensamiento, que asusta tanto a la gente y lleva a querer olvidarse de la muerte, ya vivir como si la muerte nunca los visitase, a querer engañarse rodeándose de todo tipo de placeres y de mentiras, creyendo contruir una seudo inmortalidad, rodeados de seres que les quieren, de esplendideces, que son tantos y que la muerte les genera el más terrible de ese engaño y ese sufrimiento es darse cuenta, que uno se ha engañado tanto, tanto, tanto que tiene un sufrimiento tan atroz, que le lleva a no querer vivir más.

Entonces abrace la Dharma para ser una buena persona, encontre a Swami Tilak, para aprender a ser una buena persona. Yo era muy niño y Swami Tilak me contó la historia que le paso a él, cuando el llegaba de un viaje al ashrama, historia con la que empieza este libro, que lo compuso muy sencillo en honor a la muerte de su Maestro:
“Hijo mío no faltan santos en el mundo, solamente faltan los hombres, trata de hacerte un hombre.”

Este fué el consejo dado por un sabio que era tan sencillo como humilde, resultaba tán fácil acercársele, que hasta un niño se encontraba muy bien con él, era totalmente inconsciente de su grandeza. Podemos aproximarnos a los hombres y adorar a los Dioses, pero no sabemos que tipo de tratamiento podemos dar a uno de esos Dioses entre los hombres y hombre entre los Dioses. Esto tan sencillo yo lo escuche en 1976 y me acuerdo dónde exactamente, sentado en la puerta del Hotel Washinton Erving, cuando el saliendo de la Alahmbra, me pidió descansar y cuando descubrí el portento de hombre que apenas dormía y que cuando lo hacía, lo hacía en tan poco tiempo, que descansaba profundamente. Yo envidié ese día ese poder, yo no sé si lo tengo hoy en día pero yo desee profundamente, ese día tener ese poder, el poder de vivir, de no estar todo el día durmiendo y aprovechar el tiempo. Yo me acuerdo que cuando él me contó esto, sus dedos hicieron esto (tres chasquidos), yo me llamaba Shankara en aquel momento, me habia iniciado Swami Vishnu Devananda, yo ya era Védico y me dijo: “Shankara eres muy joven, pero te das cuenta (hace tres chasquidos con los dedos, marcando el compás del tiempo), cada vez que yo hago esto, tu te estás acercando cada vez más a la muerte. Ahora no lo ves, para tí la muerte es como un horizonte de algo que habrá que venir, pero un día verás que la muerte es un horizonte, pero que no podrás vivir más. Piensa lo que quieres hacer con tu vida”

Y yo le dije: “Pero usted también se esta acercando a la muerte, cada vez que usted chasquea los dedos”

Y me dijo: “Yo no, yo ahora no, cada vez que los dedos suenan, estoy más cerca de estar más vivo".

Yo no entendía a que se estaba refiriendo, pero era como una flecha lanzada desde el arco, que va a encontrarse con la diana, lo único que tiene que hacer es esperar y yo apenas si era una flecha que estaba haciendose en Carcag.

Cuando mi madre le pidió a mi Maestro, cuando se marchaba, que me convenciera para que yo no me dedicara a esto y que hiciera mi carrera universitaria y que después de terminarla yo me dedicara a esto. Mi Maestro muy cariñoso le dijo: “Que como podía el darle ese consejo, si el también había abandonado a sus padres, si él estaba dedicado a ello". Pero le quiso hacer comprender diciéndole que las madres van a los templos a rezar, para pedir por su familia, pero que en cambio no quieren tener un santo en su casa, entre su familia. Que comprendiera que quizá el destino estaba de esta manera. Cuando Swami Tilak me conto esta pequeña historia, me dijo: “si dedicas tu vida a la espiritualidad, por favor no te conviertas en un Dios, ya hay demasiados Dioses, ya hay demasiada gente complicada, difícil, inalcanzable, hay tantos Dioses ya en la tierra, que los Dioses de los cielos no saben que hacer. Todos son Maestro-Dios, Maestro-Dios y los que empiezan en el camino espiritual, también quieren ser ya Dioses, por que el negocio esta en ser Dios. Todo el mundo quiere ser Maestro, nadie quiere darse el tiempo y la enseñanza para poder aprender, todos quieren hacer un cursito y ser Dios. Entonces me dijo: “la espiritualidad empieza con la humanidad, sé un hombre”.

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© Antonio Javier Plazas (Todos los derechos reservados por el autor)

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