Mi Experiencia en la Danza del Vientre


Tribuna

Cursos y
Eventos

Índice de
artículos

Sangha
Védica

Escuela
Védica

Antonio
Javier Plazas

Volver a la
página
principal


Escrito por ® Yashoda Saura Villaescusa.
Profesora de Danza del Vientre en el Estudio Spiral de Granada (España), imparte talleres por toda españa y en los centros Spiral.



¿Cómo olvidar la primera vez que baile la danza?

Sin profesores hasta ese momento, sin nada que enseñar, más que el sentimiento, la dulzura de un cuerpo que repta por las notas musicales.

Hace ya más de seis años, pero desde ese instante en que aparecí delante de 20 o 30 personas, un pañuelo en la cadera y un profesor sufí con un tambor, y la que es la directora de Spiral Madrid actualmente, sentí el baile de una manera tan impactante, me llamaba desde el fondo, aprendí que lo necesitaba.

Teresa, mi maestra de danza, me animó a que asistiera a clases, a que aprovechara lo joven que era para formarme, para acostumbrar a mi cuerpo a esa maravilla. Y asi comencé, ella me insistía en las clases para que me esforzara más y más. En cuanto me despistaba me llamba la atención y me hacía centrarme. Y poco a poco fuí alimentándome con este baile. Fueron años de formación que no han acabado aún, aunque ahora yo intento formar o enseñar lo que sé a otras personas, en Granada mientras ella está en Madrid.

Las chicas que venían a clase entonces y ahora, lo hacían algunas durante cortas temporadas y otras más duraderas. Yo, que permanecía allí, podía observar los cambios que se producían en ellas, en su carácter y en su cuerpo. Las caras de la primera clase: vergüenza, risa, interés, seriedad... y cómo, según ellas mismas, acogían la música, el ritmo, los movimientos... y sus cuerpos cambiaban, se redondeaban y suavizaban los vientres. Una nueva cintura y un vientre mas moldeado sorprendía a las mas delgadas y a las mas rellenas. La cuestión es que todas comprobaban como su cuerpo se iba moviendo segun ellas lo querían, brazos más fuertes sin ser excesivos ni fláccidos, muslos fuertes. El completo trabajo que se realiza con la danza, no se remite únicamente al vientre, como se suele creer, es importante un fortalecimiento global, ya que en la danza ha de bailar toda la persona. Con esto quiero decir que todo el cuerpo debe funcionar y coordinarse (que sería de un baile sin unos brazos ágiles de sugerentes movimientos, sin un cuello y mirada juguetones, y sin unas piernas saltarinas!) pero la mente debe moverse también.

La danza oriental no es tan esquematizada como el ballet, se puede bailar muy bien sin demasiada técnica, porque el cuerpo expresará tantas cosas, que ese simple sentimiento envolverá al danzante y al observador, pero la técnica si no puede fluir por una mente y un cuerpo sin bloqueos es inútil.

Algunas alumnas tienen miedo de no hacerlo igual que la profesora, de sentirse torpes, de moverse en definitiva, gran error éste, ya que el baile ha de salir del interior, el ritmo, la sensualidad, el refinamiento, la belleza, la fuerza y la delicadeza están unidos en el baile, pero no hay que temer expresarlos. Primero hay que buscarlos dentro de uno mismo, encontrar la femineidad -hombres y mujeres- y controlar y mostrar lo que se desee mediante el baile. La energía fluye de forma realmente sorprendente e intensa cuando se interioriza lo que uno mismo es y se exterioriza el resultado de este proceso, de éste descubrimiento.

Lo que más me gusta de la danza es la libertad que puedo expresar y expreso, la capacidad que adquiero de hacer justamente lo que deseo, construyendo los movimientos, saltos y giros con la melodía de un dulce laúd serpenteante y los golpes rotundos con una poderosa darbuka. La sonrisa del baile es inevitable, es inevitable una sonrisa de encantamiento. Es imposible evitar la euforia de la felicidad que encontré en el baile, es sorprendente la forma en que da paz ante la depresión o la tristeza el bailar sin pensar en nada durante un buen rato. Y alguna vez no he podido evitar las lágrimas como chispas que saltaron, del concierto que se producia, totalmente coordinado de la música, mi mente y mi cuerpo, la piel erizada y una corriente que subía y bajaba por mi espalda.

Totalmente recomendable una experiencia así, absurdo desperdiciarla por excusas de miedo, vergüenza o falta de tiempo. Descubrir un/a dios/a danzante en el interior de cada uno es un buen fin por el que practicar. Encontrar un nuevo misterio en la sonrisa espontánea de la danza, un gran motivo para comenzar.

Baila y olvida, gira, suspira
con caderas danzantes sugiero al movimiento,
acércate, acércate y comprueba,
que con ojos hechiceros, mi mirada te susurra te quiero,
y soy un ángel danzante que mueve las caderas que te conducen al cielo,
mis brazos son ramas elásticas y mis dedos y manos son como mariposas,
que colorean una sonrisa y con una media luna que alumbra sigilosa mi pelo.
un movimiento recuerda dulcemente aquel antiguo momento.
Cuando la serpiente baila todo se calla.
Cuando la serpiente brilla todo gira.

Índice de
artículos

Volver a la
página
principal


© Antonio Javier Plazas (Todos los derechos reservados por el autor)

Preguntas, comentarios o referencias: infosaberser@wanadoo.es