El Amor y la Poesía


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Antonio
Javier Plazas

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Os envio a todos los del foro de Tantra este artículo mío publicado en el periódico Ideal de Granada (soy periodista y colaboradora de este medio y otros), con la ilusión de que disfrutéis de algunos fragmentos de poemas amorosos, por ser hoy San Valentin, Día de los Enamorados, con especial dedicación a Antonio Javier, que es un especial amante de la poesia y excelente escritor de poemas innumerables, porque el amor es precisamente uno de sus temas mas sagrados, y con quien me une un vínculo de afecto muy completo.

María Jesús Luján



El amor y la poesía

"Aquí, a solas, tú y yo somos dos seres
que ahelan la llegada de su día.
Y nuestro día es éste todavía:
nada de ayer ni de mañana esperes”

Antonio Gala

En lengua española poseemos una amplia literatura dedicada al amor. Tantas almas sensibles, plumas de corazones atormentados han escrito miles de poemas al amor y, desde luego, al desamor, siendo este último fértil inspiración de los más hermosos renglones.

Tenemos dos ejemplos muy cercanos de poetas especialmente sublimes, los dos andaluces, uno muerto y otro vivo, y ambos gloriosos por la euforia que producen sus poemas: Lorca y Gala.

El siempre añorado Federico trasladó a sus líneas esa extraordinaria fuerza vital y ese impulso dionisíaco imposible de contener, no sin ocultar la belleza del amor y el deseo que son como la sangre oscura del mundo.

Un ejemplo de amor meláncólico es el titulado ‘Encuentro’: “Flor de sol. flor de río. ¿Eras tu?. Tienes el pecho iluminado y no te he visto. ¡cuántas veces te han rozado las cintas de mi vestido! ¿Eras tu? ¿Por dónde arrastrabas esas trenzas sin fin, amor mío?. En mi pecho se agita sonámbula una sierpe de besos antiguos...”

En ‘Madre, llevame a los campos’ canta a los enamorados: “madre, llévame a los campos con la luz de la mañana a ver abrirse las flores cuando se mecen las ramas. Mil flores dicen mil cosas para mil enamorados, y la fuente está contando lo que el ruiseñor se calla”.

Y directamente se deja llevar voluptuoso en ‘¿Donde vas, amor mío?’: “Te he de llevar desnuda, flor ajada y cuerpo limpio, al sitio donde las sedas están temblando de frío. Sábanas blancas te aguardan. Vámonos pronto. Ahora mismo. Antes que las ramas giman ruiseñores amarillos”.

Antonio Gala elige palabras bellísimas para el amor: “Cuando el amor comienza, hay un momento en que Dios se sorprende de haber urdido algo tan hermoso. Entonces se inaugura -entre el fulgor y el júbilo- el mundo nuevamente, y pedir lo imposible no es pedir demasiado”.

O el desaliento: “El arma que te di pronto la usaste para herirme a traición y sangre fría. Hoy te reclamo el arma, otra vez mía, y el corazón en que me la clavaste”.

Una definición de amor del poeta cordobés: “Sólo aquello que amamos es capaz de decirnos quienes somos. Suele ocurrir en mayo o junio, y hay quien se enamora de sólo una plabra y quien se enamora de unos labios cerrados. Pero es preciso andar sin preguntar adónde hasta sentir la voz que llama desde lejos, y que repite un nombre que ignorábamos, y ese nombre es el nuestro, y es a nosotros a quien llama”.

Un poco más lejana en el tiempo y el espacio, Mira Bai fue una poetisa de finales del siglo XV, en la India. Sus poemas representan un hermoso ejemplo de amor divino y entregado expresado con toda su sensualidad. Siempre declaró su devoción por Krishna, divinidad que había vivido cinco mil años atrás y figura clave en el hinduismo, con quien desde muy pequeña se sintió desposada: “Dime principe, ¿por qué me miras como si fuera tu enemigo?. Eres como una espina entre flores. He dejado mi hogar, el palacio, la ciudad..., he renunciado a todo lo que tuve, a cada cosa que me pertenecía. Tan sólo llevo este paño rosa”

Y en otro poema le describe: “Mora siempre en mis ojos, Nandalal: ¡eres tan bello!. Luces la diadema de plumas de pavo real, pendientes en forma de cocodrilo adornan tus oídos, el rojo marca tu frente, tu oscuro perfil, y tus largos y líquidos ojos me fascinan La melodía de tu flauta es como el néctar, un collar de perlas adorna tu pecho. ¿Cuándo volverás y traerás la primavera a mi vida?”.

La diosas del amor

Históricamente las diosas del amor son las más conocidas, populares y solicitadas de cualquier panteón. Suelen estar vinculadas al agua, y adornadas con objetos brillantes y joyas. Una de las más célebres es la azteca Xochiquetzal, conocida como la “madre ramera” que sobrevivió a una inundación y pobló la tierra con la colaboración de su compañero. El prolongado y primoroso aseo de la diosa vudú Erzulie incluye ponerse flores, joyas y muchos adornos. Cierto grado de narcisismo y gusto por las lisonjas sensuales forman parte de la personalidad de las diosas del amor, porque tembién suele serlo de la belleza y el sexo. El templo romano de mayores dimensiones pertenecía a Venus. La diosa india Laksmi era una manifestación de Devi-Sakti, el principio sexual que, gracias a sus esfuerzos, generó el universo. Podemos mencionar a Oshun, Freyja, a la famosa Afrodita, que dio a luz a Eros y a varios hijos más.

La definición de amor de estas deidades siempre ha sido amplia, incluyendo el amor de madre, el amor de la amistad y el amor sexual. La promiscuidad fue característica de muchas de ellas, aunque siempre amaron a un compañero más que a los restantes.

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© Antonio Javier Plazas (Todos los derechos reservados por el autor)

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