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Swamiji |
| Mail enviado por Ricardo Daulah al Foro Gran Tantra. Besitos cordiales a todos, con las manos al aire, desde media distancia, ya saliendo del bellísimo callejón, casi al amanecer. ¿Piarían las aves? La memoria no llega a tanto, en efecto. Pero es muy posible que sí estuvieran piando en aquellas horas en las que la luz nacía mientras moría la noche. Era el alba. Era una presencia abrasadora, amigable al mismo tiempo, anaranjada, celestiviolácea, libre. Y sonreía. Nos sonreía mientras nos despedía; en aquel entonces, no nos volvimos al llegar a lo alto del callejón; más que nada, porque no pareciera que quisiéramos que él estuviera allí; pero nos hubiéramos vuelto, es verdad -lo sabemos muy bien hoy-, para enviarle esos besitos cordiales, con las manos al aire..., ya saliendo de la tan bella calleja, casi una cuesta abajo hacia el paraíso contrario al infierno de Dante-. Aquél, era un hombre especial. El primer hombre especial que nos llamaba poderosamente la atención. ¿Quién era él? Mi Maestro, era. Había llegado hasta él. Comenzaba a ser libre por dentro, y a poder pensar mejor. Sólo mirarlo, él me producía placer mental. Y ella, su bellísima Beatriz dántica de aquel entonces, era la prolongación de un hilillo finísimo de oro relumbrando en el cielo celestial mismo, para mí. Y, su jardín, el de su casa, era el sitio donde a mí me hubiera gustado pedirle a él que me dejara quedarme a vivir, después de haber estado al calor de su lar. Le quería ya como no había querido nunca a nadie. Yo... |
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