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Dos párrafos al azar |
| Mail enviado por Ricardo Daulah al Foro Gran Tantra. Quien sigue los sencillos pasos que conducen de la relajación física a la mejor respiración, y después a una forma de amor más sensual que puramente sexual, conoce la grandiosidad de Dios en su ser y en su vida. ¿Por qué esto es así? Sencillamente, porque lo único que hoy te impide conectar con el Todo creador y recreador que está por todas partes a tu alrededor es estar cerrado a Él/Ella/Ello, al Dios de toda la humanidad, que es masculino, femenino y neutro como espacio donde se desarrolla, o donde se dramatiza la vida. Buda (Sidharta Gautama), Cristo, Mahoma: todos estos personajes maravillosos de la historia humana expusieron que Dios está en todo, y que un cierto avance espiritual está en ti, amigo lector, en cada cual, en todos y cada uno de nosotros, en todas las personas, esto es, en tu propio interior (hallar la paz interior; el reino de los cielos está en ti; matar al infiel o a lo atrasado interno de cada cual, para crecer siempre hacia lo mejor de ti mismo, ésta es la verdadera Guerra Santa del Corán). Porque, en todas las religiones y creencias, desde la hinduista y sus diversas interpretaciones, pasando por la judía o la budista o la cristiana o la mahometana, se encuentra Dios en partes, como si hubiera querido manifestarse de formas diversas según cada territorio o zona del mundo. Reuniendo lo mejor de toda religión existente sobre la faz del mundo (lo más inspirado de cada una de las mismas), encontramos la verdad de que Dios existe y, sobre todo, de que es perfectamente experimentable por quien esté dispuesto a esforzarse en dar un paso adelante en su evolución personal. Flexibilizar el cuerpo, aprender a relajarte respirando bien, saber meditar: estas tres acciones conducen a un abrir en ti una zona a través de la que Dios se te hará real. Vale la pena intentar integrar esas acciones en tu existencia cotidiana, las cuales, además, lejos de alejarte de tus tareas cotidianas, te comprometerán aún más con las mismas, pero, esta vez, con placer; pero, en esta ocasión, con regocijo por vivir, sólo y simplemente por el hecho de estar vivo en un contexto que en realidad es todo Él/Ella/Ello, Dios, el Todo. No es lo mismo vivir sufriendo por negar en tu interior la realidad de un Dios que dé lógica y sentido a tu existencia, que ser, amar y trabajar sabiendo que tú lo experimentas en ti. Es vital, crucial, urgente, aprender a dar un paso más en tu evolución personal y percibir así a Dios. Nosotros adjuntamos al final de esta primera parte de nuestra obra las verdades simples y maravillosas que siempre escondieron las iniciaciones, y lo hacemos de un modo que creemos moderno y asequible para todos. Lo hacemos porque creemos que las iniciaciones han de ser universalizadas de un modo que sea atractivo para las personas de todas partes; ésas han de ser, incluso, simplificadas, adecuadas de tal modo que puedan ser entendidas por cada ciudadano, por cada persona de este mundo. Sólo así pasaremos a otro estadio evolutivo de la humanidad.
Ricardo Daulah |
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