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La Figura del Maestro espiritual |
| Mail enviado por Luis Misa al Foro Gran Tantra. La figura del Maestro espiritual Aunque la palabra guru suene mal en Occidente por el uso mass-mediático que de ella se viene haciendo, en la India tiene el respetable sentido de maestro espiritual. El satguru es aquel que encarna la sabiduría mística, que atrae y fascina como modelo a imitar, como fuente de luz y de conocimiento. La experiencia de muchos occidentales al encontrarse con un Maestro Espiritual ha sido la de una iluminación y transformación del sentido de su existencia. Eso ya ocurrió a principios del siglo XX cuando algunos tienen la oportunidad de encontrar figuras de la talla de Ramana Maharishi, el sabio de Arunachala, o de Sri Aurobindo. Luego en la década de los sesenta comienza a generarse el fenómeno de los llamados gurus de masas, como Maharishi, Muktananda, Rajhness (Osho), Satya Sai Baba y tantos otros. En todos ellos el buscador descubre una luz nueva, un ser que suele aceptarse como un ser realizado, alguien que ha logrado la Liberación. En casi todos ellos la meditación ocupa un lugar destacado, de ahí que se hable en muchos casos de el maestro de meditación, aunque en realidad se debería hablar del Maestro del Ser, para distinguirlo claramente del Maestro del pensar, al que Occidente es más adicto: Platón, Aristóteles, Descartes, Kant, Hegel... nos enseñan a pensar, pero el maestro espiritual es un ejemplo en el arte de Ser. Por ello, su modo de transmisión, su modo de comunicación no es primordialmente la palabra y el texto escrito, sino la irradiación espiritual a través de su presencia. El verdadero guru sería aquel que se ha instalado en un estado de conciencia y de ser (en la conciencia espiritual y el ser espiritual) que resultan extraños al ser humano medio como los discursos filosóficos sofisticados le resultan al nativo de alguna tribu primitiva. Un estado de conciencia y de ser que lleva asociado una terminada carga de energía espiritual, que le permite irradiar, transmitir, comunicar, en silencio, o por detrás de la palabra, algo de su estado de ser, de conciencia, de energía. Como si a través de la presencia del Maestro, instalado en su conciencia espiritual, resultase más fácil abrirse a la experiencia de la propia realidad espiritual, del silencio interior, de la paz y el gozo específicamente espirituales. Esa transmisión específicamente espiritual, esa comunicación sutil que se establece entre el maestro y el discípulo es uno de los secretos de la experiencia místico-esotérica que resulta difícil transmitir con palabras. Los riesgos de la apertura a los falsos gurus Pero es preciso apuntar los riesgos que entraña una concepción de este tipo, sobre todo a partir de los engaños y abusos que han ido descubriéndose en algunos de los presuntos maestros o instructores. Hay dos elementos a los que conviene prestar atención en la relación Maestro-discípulo:
Que la existencia de falso instructores o el riesgo de caer en actitudes erróneas no
llegue a enturbiar una de las cosas más bellas y sagradas que puede existir en esta
Tierra: un ser que ha avanzado suficientemente en el proceso de Iluminación y
Realización espiritual y que puede colaborar en el correcto despertar espiritual de otros
muchos seres que buscan la Luz. |
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