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Argentina |
¿Qué es el Vyayam? Como profesora de yoga y eterna buscadora de métodos y artes que enriquezcan mi
camino. En el mes de abril del presente año tuve la oportunidad de vivir una experiencia
nueva sobre un método ancestral originado en la India que se llama Vyayam. Por ese
entonces visitaba la Argentina el principal maestro de esta disciplina Antonio Javier
Plazas y tras presenciar una de sus charlas sobre Vyayam, yoga y Tantra, quedé cautivada
por dos cosas: la claridad y sencillez poética de su exposición y la enorme energía que
puso de manifiesto al interactuar con una nutrida concurrencia alrededor de 5 horas
seguidas. Cuando comenzó a hablar sobre el Vyayam, empecé a sentir que su energía provenía en
gran parte de esa arte. Entonces, guiada por la intuición, decidí experimentarlo
personalmente tomando una clase. Durante esa experiencia mis sensaciones se agudizaron
hasta volver plantearme la pregunta del inicio: ¿Qué es realmente el Vyayam? Aún
sabiendo que las palabras no alcanzan a describirlo, me atrevería a decir que es como una
gimnasia postural sanadora que va emergiendo en Tai-chi y desflorando en danza. Sentí que al Vyayam se lo aprende principalmente a través de la vivencia,
entregándose a ese desafío de estar centrado, equilibrado y concentrado al mismo tiempo,
para abrirse desde allí al movimiento, a partir de una respiración reveladora que dirige
al cuerpo en todo momento. Cuando se comienza su práctica, que pone de manifiesto una gran energía lunar,
femenina o yin, uno va descubriendo la magia de fundirse con el espacio e ir creciendo
desde las propias raíces (las plantas de los pies) hasta el cielo y ubicarse como
eslabón entre uno y otro. Cuando se puede seguir la consigna de cuidar los ejes corporales, permitir que las
manos guíen el movimiento y dejar que el cuerpo siga a la respiración, se consigue un
estado de meditación en movimiento que renueva las energías, calma la mente y le permite
al cuerpo despojarse de innumerables toxinas que se desprenden efectivamente a través de
una copiosa sudoración, la cual es sorprendente por no guardar relación con el suave
esfuerzo del movimiento que la originó. A efectos visuales este movimiento es lento y tranquilo, pero son sus resultados los
que dan la gran magnitud de las energías internas que se transmutan y despiertan. Ya
desde las primeras prácticas de Vyayam, noté cómo viejas tensiones se ponían en
movimiento en aras de disolverse y desaparecer. Finalmente, puedo decir que percibo el Vyayam como una disciplina en la que aún el
neófito puede sentir claramente la integración de su cuerpo y su mente en donde además,
la armonía, sensualidad y equilibrio del movimiento, son cualidades visibles y sensorias
que van proyectándonos a una dinámica con la que podemos actuar sin cansancio durante un
tiempo muy prolongado. Así como el Ave Fenix se renueva desde sus propias cenizas, a través del Vyayam, se
puede sentir el despertar de las propias energías profundas una y otra vez. Gracias, maestro Antonio Javier Plazas por habernos dado a conocer el arte del Vyayam en Argentina Mirta Lidia Alterman Buenos Aires, Argentina |
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