La revalorización nuclear de la India


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Antonio
Javier Plazas

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La aparición del euro en la escena económica del mundo supondrá la creación de dos grandes bloques hegemónicos en el mundo que tenderán a rivalizar y a aliarse para satelizar al mayor número de países en cada uno de sus entornos, y entre los dos al mundo entero.

La decadencia de Rusia, que no retoma ningún camino de liderazgo del mundo, como a su estilo, lo ejerció como la extinta Unión Soviética, hace aparecer nuevos puntos ejes en los diferentes continentes.

Europa con la unificación de la moneda única, o Euro, se presentará al mundo como una superpotencia homogénea, con su tejido industrial, agrícola y armamentístico, que dejará los desequilibrios internos de cada país miembro de la CEE como problemáticas de régimen interior con sus diferencias entre países, que mas bien se asemejarán a estados federalizados, como hay esas diferencias en los propios Estados Unidos, de un estado miembro de la unión a otro. Lo importante es que Europa con todo su potencial será uno, y los EEUU se tendrán que acondicionar en todos los niveles con un potencial nuevo, que modificará al mundo de como hoy lo entendemos, como ya se inició esta transformación evidente cuando se produjo el ocaso de la URSS.

Mejor asociarse que pelear. Los tradicionales aliados del FMI y de los EEUU en Asia, como han sido los países llamados dragones, y el Japón, no son ya válidos y, en el caso del Japón, es incómoda para el nuevo orden la influencia inversionista e industrial de este país, como motor impulsor de la zona. La China emerge y se consolida, y su moneda, el Yuan, empieza a sentirse con peso en la bolsa y en los planes de expansión de los capitales estadounidenses y europeos. La soberbia y numerosa población china es un atractivo tal para los mercados de bajo y medio consumo que un éxito de negocio de menos de 1 punto es una ganancia inmensa. China está desplazando a las economías basadas en prestar su mano de obra para las marcas occidentales y japonesas, con una garantía de mejor calidad, por la estabilidad de su gobierno, la disciplina laboral y las ventajas socio laborales tradicionales en Asia.

¿Qué recibe a cambio China?: reconocimiento internacional de su situación sui generis de país "capitalo-comunista", su integración en el G-8 como invitado de oro y su aceptación como gendarme futuro de la estabilidad de los múltiples e inestables países separados de la URSS y del extremo oriente.

Japón renuncia a ser el gran toro que tira la carreta de Asia. EEUU no necesita de las inversiones vitales japonesas de antaño. Europa es un buen socio al que no habrá de molestar y que pugnará por más mercados. Asia y Africa están ahí, listos para consumir y listos para ser consumidos. Indonesia entra en la crisis, no se le necesita como antes. Su economía se descubre en la verdad que siempre ha sido, una economía dependiente. Hong-Kong ya no es lo que era y dejará de ser cada vez más, ya que China absorverá todos los recursos que la gran ciudad-estado aportaba.

Y entre tanto abrazo de oso, las crisis árabes amenazan desde el integrismo no sólo al cercano oriente sino en el propio Asia y en el Asia Indica, desde la India hasta Filipinas.

La India observa la repartición de papeles en el nuevo teatro, lista a estrenar la nueva obra del nuevo orden, y sabedora de la revalorización de China internacionalmente, y de que las dos grandes superpotencias cuidarán sus intereses económicos en China, deberán de protejerlos, y, por lo cual nunca serán fiables (si es que en política hay algo fiable), y de la tensión integrista islámica la alternativa era previsible, o se armaba nuclearmente e intimidaba a China, ya rival del pasado y siempre potencial enemigo futuro, y con un Pakistán comodín occidental y servil interesado ante el fanatismo estatal religioso talibán e iraní, enemigo "de toda la vida", o la India se quedaría sola, completamente sola entre vecinos hostiles y sin aliados internacionales garantes de su estabilidad zonal.

China, Pakistán, Corea del Norte son nucleares o potencialmente nucleares (China lo es). India, desde Indira Gandhi, ha mantenido una política de nacionalismo socializante a su estilo, de no permisividad hacia las multinacionales y los productos foráneos. Aún cuando de mala calidad ya en 1976 India tenía de todo lo que se podía tener en objetos de consumo. Sacó a Coca-Cola de su país, interviniendo su factoría e impidiendo la distribución del famoso refresco, inventando la Campa-Cola con remedo del logo y botella mítica porque ahí siempre estaba en todos los rincones del país, y perruna por su asqueroso sabor, como bien recordarán todos los viajeros a India desde aquellos tiempos.

La carrera de autogestión militar y dentro del bloque de los no-alineados, llevo a la India a recibir parte de su arsenal de la Union Soviética. Pero aún así, teniendo a Estados Unidos siempre en una posición poco amistosa y poco inversora para la regeneración de su economía, India seguía sirviendo de técnicos, científicos e investigadores a occidente en el desarrollo de la ciencia en todas sus ramas.

India con programas de menor escala, pero con bastante éxito, de posicionamiento aeroespacial, con satélites propios, lanzaderas y centros de lanzamientos de cohetes en su propio archipiélago, desarrolló su propia tecnología militar (porta-aviones, aviones de combate, misiles, etc), y su propia tecnología nuclear tanto para uso civil como militar.

Aparte de la valorización del hecho de seguir incrementando los riesgos nucleares en el mundo, con nuevos países interviniendo en estos campos, la India necesitaba para su revalorizacion como país, como potencia mundial (humana lo es, y en otras cosas también…) y como garantía para su protección ante las tentaciones de todo tipo de sus vecinos y de los no tan vecinos. En algunos sentidos el mundo también necesita que la India se revalorice nuclearmente (como mal menor), para que no se polarice de una manera tan absoluta el mundo del presente y del futuro cercano.

Es evidente que los pactos de no proliferación nuclear y no desarrollo de la tecnología militar nuclear, benefician a los ya poseedores de un arsenal nuclear considerable e intimidador, y le garantizan que no haya pequeños usuarios de bombas nucleares, que puedan dar y darles mas de un susto. Pero lo revelador es que, a pesar de las tibias reacciones de condena, el FIM, el G-8 y los países nucleares y modernos, la India apenas si sale perjudicada, como ya indicó su primer ministro, su programa no depende en nada de la tecnología occidental, y la no concesión de ciertos préstamos y ayudas no dejan de ser meras posturas y gestos de artificio.

Porque, incluso a EEUU y a Europa también les interesa en ciertas maneras que India juegue en el ajedrez de la política de Asia, porque los que hoy son amigos, mañana no lo son cuando no interesan o algo se mueve de sus sitios establecidos y acordados. China es hoy favorecida y mañana crecerá más de lo que se pueda manejar y controlar. Habrá tensiones, desestabilizaciones y todos los fenómenos naturales de las sociedades capitalistas y consumistas y entonces, ¿quién estará listo para ser arrojado como contención a la guerra, y a la crisis como remedio de choque en la zona?… INDIA.

FIN

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© Antonio Javier Plazas (Todos los derechos reservados por el autor)

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